miércoles, 7 de marzo de 2012

No tengo miedo

Hivid 0.75 mg tabletas (noventa) Tomar 1 c/8 hrs.Azitrocin 500 mg tabletas (seis) Tomar 1 al día por seis días.

NO TENGO MIEDO.

¿Qué son, después de todo, tres sexenios sin dinero para medicinas, camas o condones? ¡Carajo! ¿Qué son, vaya, las declaraciones de los curas?

NO TENGO MIEDO.

Protegerte con la inmaculación para que nadie te lleve a la hoguera porque tienes SIDA.

NO TENGO MIEDO.

Que en las fiestas hay quienes fomentan la burla a costa de los sidosos.

NO TENGO MIEDO.

Que el padre oyó lo del SIDA y puso cara de fotocopiada misericordia.

NO TENGO MIEDO.

Rolo tiene SIDA, Rolo tiene SIDA, Rolo tiene SIDA

NO TENGO MIEDO.

Tantos amigos que se han ido y que pudieran seguir aquí, como tú, querido.

NO TENGO MIEDO.

Hay días de ya se me olvida y días de no puedo acordarme. Hay días de nuevos amigos y nuevos adioses.

NO TENGO MIEDO.

Vienes de despedirlo, de padecer el silencio impotente y pasa un coche de donde salen gritos furiosamente familiares: "Te jodimos, cabrón".

NO TENGO MIEDO.

Que por las mañanas llegue tu padre y te diga: "Buenos días putito" y por las noches: "Ya llegué
putito.

NO TENGO MIEDO.

Ya no tardan las pústulas y los ojos sumidos.

NO TENGO MIEDO.
No me quieren en la oficina, tengo qué decirle a mis padres y a mis hermanos de "esto".

NO TENGO MIEDO.

Joaquín Hurtado en "Crónica Sero"

Martillazos

Hace frío. Duelen los pulmones que no llenan de aire. Me hago ovillo. Hoy cumplí cincuenta años, la mitad de ellos como portador. Traigo un mensaje enredado en la lengua, una noticia que no alebresta, un evangelio que ya nadie quiere comprar. Hago un esfuerzo y me incorporo.

Subo los escalones hasta el cuartito en la azotea, pregunto a los chavos si ya mataron a dios. Los miro mientras se echan otro militar, en un exuberante tiro al blanco con tecnología LCD. Los guarros chamacos invierten su preciosa eternidad frente a la consola de videojuegos descuartizando oficiales. Hasta que les da hambre y piden a gritos otra pizza con anchoas y cebolla.

Mariguana y Efavirenz hacen una combinación perfecta para los rucos alcahuetes de la decadencia juvenil. Los chavales me han custodiado con esmero hasta mi entrada triunfal en la oquedad de este domingo. Con manos tembeleques les mendigo el porro vespertino.

Ellos son los verdaderos héroes de la batalla que yo he perdido en el catre y ellos libran en las calles toreando milicias. Con tal de mantenerme sosegado en las horas infecciosas, yo los retribuyo con mi pensión de burócrata disecado.

Es cuestión de saber respetar el sentido histórico que les pertenece. Ellos son dueños del futuro. Un lugar que yo sé que no existe pero que a sus novias aún les hace bonita ilusión. Los chavales artillados deambulan en la estrecha playa existencial donde sólo se amanece para morir. Gente así merece un trato distinguido.

De ellos aprendí el arte insolente de estar en el mundo. Pura estética del yo inservible. Políticas extremas del escombro. Me he colocado en el espacio de la callada rendición, bajo el auspicio de la famosa caída del pulpo cadavérico. Sobreentendidos del amor filial.

Pregunto a los chicos si la cifra que aparece en la pantalla es el puntaje acumulado por cada baja infligida al cuerpo de élite. Me ignoran. Aplaudo.

Aspiro el humo rudo de la mota. Quien vive con sida bajo una de las guerras más sanguinarias del orbe desarrolla esta dejadez cómplice. Me mantengo en la feliz reserva junto a quienes ya sellaron su destino. Los chavos se madrean, se solazan en la reyerta del software poderoso que les emociona hasta el aullido. Soy un espectro que se agazapa en la claridad del siguiente mazazo de grifa.

Mi habla se hunde, se atasca, no fluye. El tiempo colapsa. Me absorbe una dulce somnolencia. La yesca me saca flemas con textura de cascajo. Duele el martillo marro del corazón. Soy sólo el tío puto y desechable. Y ya no tengo remedio.

Joaquín Hurtado, tomado de "Crónica Sero".

Coger


Muy atrás quedó la lívida y persignada metrópoli que pretendió infructuosamente normar las faldas abajo del huesito chanchaquero y los escotes encima del gaznate. Nos cayó el sida y la devota anciana gritó: ¿Ya ven?, ¡por puercos!
Me dieron el VIH+ a mitad de la década ochentera. En esa época los congales donde fichaban las putas chimuelas aún estaban conminados al gueto de lo indecible. Hoy recuerdo con ternura el primer médico que me atendió en el Hospital Universitario. No entendía cómo un hombre puede obtener placer en la verga de otro pelado. Con los ojos del tamaño de platos escuchó mi testimonio. Lo agarré virgencito. Si no hubiera sido por el funesto motivo de nuestro coloquio, quien quita y hubiera jalado. El ñoño y velludo galeno no estaba nada mal…
Bajé a las cloacas y vericuetos de locas y mayates en el primer cuadro urbano. Cines, parques, bares, esquinas, discos, baños públicos y saunas; los sitios no pasaban de una tímida docena. Más acá de la silenciosa amenaza del sida y las extorsiones de la policía, yo alcancé mis más grandes éxitos allí donde la milicia hacía de su jornada franca un generoso rehilete. Hoy los soldados se fueron a cazar infelices. Qué solos quedamos suripantas, maricas y seroconversos en esta suicida explosión del deseo.
Con la llegada del Partido Acción Nacional al poder en los años noventa floreció el moderno Teiboldance. Anglicismo degenerado que nombra todo aquello que años atrás sólo existía como lejano lujo. La ciudad democratizó las nalgas siliconiadas y los pelos güeros que hablaban ucraniano. Tasó sus orificios en dólares.
Los regios han diversificado su oferta en el mercado sexual. Monterrey se solaza como perra en celo. Muestra orgullosa que en los asuntos sicalípticos no se queda atrás del primer mundo. La globalización desembarcó violentamente para ofrecer su menú mercantilizado. Aún a costa de la esclavitud sexual femenina y explotación de menores. Si el consumidor decide quedarse en casita para no maltratarse el cutis bajo la pertinaz lluvia de balazos, sólo basta un click para que cuaje el rapidín en las redes de la araña digital. Lo que pida el rey.
Sí, parece una casualidad histórica que con la llegada al poder local del partido conservador y promotor de los valores de la Familia, las noches se inflamaron con un puterío abundoso y descarado. Sí, podría pensarse que las políticas hipócritas y represivas alimentaron los apetitos prohibidos. A esas evidencias sumemos los escándalos recientes en el giro negrísimo de los casinos. Los dueños son los mismos políticos mochos que se rasgan las corbatas Armani cada vez que se les cuestiona por sus negocios oscuritos.
Por eso creo que con la actual estrategia en contra del narco, el presidente ha pavimentado la irrupción de una patria próvida en estupefacientes. Bien haiga él.
Culo y mota pa´todos. Atáscate marrano.


Joaquín Hurtado. 
*Publicado en el número 188 del Suplemento Letra S del periódico La Jornada el jueves 1 de marzo de 2012



miércoles, 28 de diciembre de 2011

Riesgo grande de un galán en metáfora de mariposa

Vidrio animado que en la lumbre atinas
con la tiniebla en que tu vida yelas, 
y al breve tiempo del morir anhelas
en la circunferencia que caminas.

En poco mar de luz ve oscuras ruinas,
nave que desplegaste vivas velas;
la más fúnebre noche que recelas
se enciende entre la luz que te avecinas.

No retire tu espíritu cobarde
el vuelo de la luz donde te ardías,
abrásate en el riesgo que buscabas.

Dichosamente entre sus lumbres arde,
porque al dejar de ser lo que vivías
te empezaste a volver en lo que amabas.

Luis de Sandoval Zapata.

lunes, 5 de diciembre de 2011

C P U T A


La computadora en blanco
me mira
burlona;
la soberbia emperatriz
            que derrocó al cuadernillo
la noche que se comió
las plumas y los lápices
sólo para mostrarme lo ágil
que puede ser con las teclas.
de haber sabido que me saldría
            muy culata
por el tiro;
ni me fijo,
me hago pendejo como con el bajo…
pero es tan dame más,
tan te reto a que no puedes.
La muy puta
con tal de que le manoseé las haches
y le pula la eñe quedito
es capaz de hipnotizarme
o darme toques muy campante.

Quesque la desaprovecho,
me revienta:
nomás me quieres pascribir
pudiendo  hacer música
o diseñando aviones,
sólo me utilizas,
a lo que yo respondo:
tranquila, flojita, flojita.
Hay que ver cómo se pone
cuando estoy de viaje
y se cela de la libreta.
Y luego escríbeme, escríbeme así
no lo pienses
tecléame
ábreme el espacio
lléname de jotas las igriegas
sóplame en la equis
dame des, más des
ponme en eme
así
así
a que no te atreves
            a chuparme el arroba
a que no me enfalas la efe completa
más rápido
más rápido.

Pero qué decir de las machacantes
sequías de actividad,
de los bloqueos de inspiración,
si cada poco me sale con su
error al tratar de ejecutar
mande un informe a mi distribuidor,
yo le doy a entender a ésta vieja:
quiún diadestos
me consigo una chiquitita
            con más capacidá,
ella sólo contesta
que entre más pequeña
            más compleja
que primero consiga un manual
en el arte de los sistemas,
que su autluk su opdeit su ram,
luego no encuentro tal poema
            o tal tarea
tal archivo no existe
            ni nunca existió.

Y tiene razón;
la muy jija de su regenérica madre,
necesito un manual
pero de redacción,
los sistemas me dan  miedo.

Poema de Eduardo Ribé tomado del "Divagatorio", y éste de "De la hoja al cenicero".

La Mecánica del Corazón (VI)



Cuando tengo mucho miedo, noto que la mecánica de mi corazón patina hasta tal punto que parezco una locomotora de vapor en el momento en que sus ruedas chirrían en una curva. Viajo sobre los raíles de mi propio miedo. ¿De qué tengo miedo? De ti, en fin, de mi sin ti. El vapor, pánico mecánico de mi corazón, se filtra por debajo de los raíles. Oh, Madeleine, que calentito me tenías. Nuestro último encuentro aún está tibio, sin

embargo tengo tanto frío como si jamás te hubiera encontrado ese día, el día mas frío del mundo.

Fragmento de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu.

sábado, 3 de diciembre de 2011

La Mecánica del Corazón (V)



Jack:



Esta carta es muy pesada, tanto que me pregunto si la paloma logrará alzar el vuelo con tales noticias.

Esta mañana, cuando Luna, Anna y yo llegábamos a lo alto de la colina, la puerta de la casa estaba entreabierta, pero ya no había nadie. El taller estaba patas arriba, como si acabara de pasar un huracán. Habían revuelto todas las cajas de Madeleine, hasta el gato había desaparecido.

Fuimos inmediatamente en busca de Madeleine. Y al fin la encontramos en la prisión de Saint Calford. En el poco rato que nos autorizaron a verla, contó que la policía la había arrestado apenas unos minutos después de nuestra partida, y añadió que no había que preocuparse, que aquella no era la primera vez que la arrestaban y que todo  se arreglaría.

Me gustaría poder escribir que ya la han soltado, me gustaría contarte que cocina con una mano, que con la otra arregla a algún infeliz, aunque te eche de menos, que se porta bien. Pero ayer por la noche Madeleine se marchó. Partió en un viaje que ella misma decidió emprender pero del que jamás podrá regresar. Dejó su cuerpo en la cárcel y su corazón se liberó. Soy consciente de que esta noticia te sumirá en un gran estado de tristeza, pero no olvides nunca que tú le has dado la alegría de ser una verdadera madre. Ese era el mayor sueño de su vida. 

Ahora esperamos que la paloma nos traiga noticias tuyas. Espero que la paloma pueda alcanzarte pronto. La idea de que creas aún que Madeleine vive nos resulta cruel. 

Procuraré no releer esta carta, si no me arriesgo a no reunir jamás el valor para mandártela. 

Anna, Luna y yo te deseamos el coraje necesario para superar esta nueva adversidad.

Con todo nuestro amor,

Arthur

P.D.: Y no lo olvides nunca, "¡Oh When the Saints!"

Fragmento de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu.

La Mecánica del Corazón (IV)


Primero, no toques las agujas de tu corazón. Segundo, domina tu cólera. Tercero y mas importante, no te enamores jamás de los jamases. Si no cumples estas normas las agujas del reloj de tu corazón traspasará tu piel, tus huesos se fracturarán y la mecánica del corazón se estropeará de nuevo. 

El mensaje de la pizarra me aterroriza, aunque no tengo necesidad de leerlo pues ya me lo sé de memoria. Sopla un viento de amenaza entre mis engranajes. Por frágil que sea mi reloj, la pequeña cantante te ha instalado cómodamente en él. Ha
dejado sus pesadas maletas cargadas de yunques en cada rincón; sin embargo, jamás me había sentido tan ligero como desde que la conocí..

Fragmento de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu.

La Mecánica del Corazón (III)





De repente, el cucú de mi corazón empieza a sonar muy fuerte, mucho más fuerte que cuando sufro una crisis. Siento que mis engranajes giran a toda velocidad, como si me ahogara. El carillón me revienta los tímpanos, me tapo los oídos pero el tictac resuena en el interior, haciéndose insoportable. Las agujas me rebanarán el cuello. La doctora Madeleine intenta calmarme con gestos discretos, como si intentara atrapar a un pobre canario asustado en su jaula. Tengo un calor asfixiante.

Me hubiera gustado parecer un águila real o una gaviota majestuosa, pero en lugar de eso, aparezco como un pobre canario perturbado y confundido por sus propios sobresaltos. Espero que la pequeña cantante no me haya visto. Mi tictac resuena seco,
mis ojos se abren, y mi nariz se alza al cielo. La doctora Madeleine me sujeta por el cuello de mi camisa, después me agarra del brazo y mis talones se despegan ligeramente del suelo.

-¡Volvemos a casa de inmediato! ¡Asustas a todo el mundo! ¡A todo el mundo!

Parece furiosa e inquieta a la vez. Me siento avergonzado. Al mismo tiempo rememoro las imágenes de la joven muchacha que canta sin gafas y mira el sol de frente. Y entonces ocurre: me enamoro. En el interior de mi reloj es el día más caluroso de la
historia.

Después de un cuarto de hora de ajustes a mi corazón y una buena sopa de fideos, recupero mi estado normal. La doctora Madeleine tiene un gesto cansado, como cuando después de horas y horas cantando no consigue que me duerma, aunque está vez tiene un aire más concienzudo. 

-Recuerda que tu corazón no es más que una prótesis, es infinitamente más frágil que un corazón normal, y me temo que siempre va a ser así. Los mecanismos de tu reloj no filtran las emociones como lo harían los tejidos de un corazón normal. Es absolutamente necesario que seas prudente. Lo que ha ocurrido en la ciudad cuando has visto a esa pequeña cantora confirma lo que me temía: el amor es demasiado peligroso para ti.


-Me encanta contemplar su boca.
-¡No digas eso!
-Su rostro es hermoso, con esa sonrisa resplandeciente que provoca que uno quiera contemplada mucho rato.
-No te das cuenta, te lo tomas como si no tuviera importancia. Pero lo que haces es jugar con fuego, un juego peligroso, sobre todo si se tiene un corazón de madera. Te duelen los engranajes cuando toses, ¿verdad?
-Sí.
-Pues bien, ese es un sufrimiento insignificante si lo comparas con el que puede originar el amor. Todo el placer y la alegría que el amor provoca puedes pagados un día con muchos sufrimientos. Y cuanto más intensamente ames, más intenso será el dolor futuro. Conocerás la angustia de los celos, de la incomprensión, la sensación de rechazo y de injusticia. Sentirás el frío hasta en tus huesos, y tu sangre formará cubitos de hielo que notarás correr bajo tu piel. La mecánica de tu corazón explotará. Yo misma te instalé este reloj, conozco perfectamente los límites de su funcionamiento. Como mucho, es posible que resista la intensidad del placer, pero no es lo bastante sólido para aguantar los pesares del amor.

Madeleine sonríe tristemente, con el rictus que siempre la acompaña, pero en esta ocasión no hay ni rastro de cólera.

Fragmento de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu.

jueves, 1 de diciembre de 2011

La Mecánica del Corazón (II)




-Aquel famoso dieciséis de abril de mil ochocientos setenta y cuatro, el frío me quebró la columna vertebral:
tan solo el calor del alcohol que ingiero desde esos sombríos acontecimientos impidió que me congelara del todo. Soy el único mendigo que se salvó, el resto de mis compañeros murieron de frío.
Se quita el abrigo y me pide que le mire la espalda. Me incomoda un poco, pero no me siento capaz de negarme.
-Para reparar la parte rota, la doctora Madeleine me injertó un pedazo de columna vertebral musical a la que ella misma afinó los huesos. Si me doy en la espalda con un martillo puedo tocar música. Suena muy bien, pero, por otro lado, ando como un
cangrejo. Anda, toca algo si quieres -me dice alargándome su pequeño martillo.
-¡No sé tocar nada!
-Espera, espera, vamos a cantar un poco, ya verás qué bien suena.
Y se pone a cantar «Oh When the Saints» acompañándose con su osófono. Su voz reconforta como un cálido y esplendoroso fuego de chimenea en una noche de invierno.
Mientras se marcha, abre una alforja repleta de huevos de gallina.
-¿Por qué cargas con todos esos huevos?
-Porque están llenos de recuerdos... Mi mujer los cocinaba de maravilla. Me basta cocer uno para tener la impresión de que vuelvo a estar con ella.
-¿Y los cocinas igual de bien?
-No, me salen cosas infames, pero eso me permite reavivar los recuerdos con mayor facilidad. Coge uno si quieres.
-No quiero que te falte ningún recuerdo.
-No te preocupes por mí, tengo demasiados. Tú todavía no lo sabes, pero algún día te alegrará mucho abrir el zurrón y encontrar un recuerdo de tu infancia. 
Mientras tanto, lo que sí sé es que tan pronto como resonaron los acordes menores de «Oh When the Saints», las brumas de mis preocupaciones se disiparon durante varias horas.

Fragmento de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La Mecánica del Corazón (I)



Nieva sobre Edimburgo el 16 de abril de 1874. Un frío gélido azota la ciudad. Los viejos especulan que podría tratarse del día más frío de la historia. Diríase que el sol ha desaparecido para siempre. El viento es cortante; los copos de nieve son más ligeros que el aire.

¡blanco! ¡blanco! ¡blanco!

Explosión sorda. No se ve más que eso. Las casas parecen locomotoras de vapor, sus chimeneas desprenden un humo grisáceo que hace crepitar el cielo de acero. Las pequeñas callejuelas de Edimburgo se metamorfosean. Las fuentes se transforman en jarrones helados que sujetan ramilletes de hielo. El viejo río se ha disfrazado de lago de azúcar glaseado y se extiende hasta el mar. Las olas resuenan como cristales rotos. La escarcha cae cubriendo de lentejuelas a los gatos. Los árboles parecen grandes hadas que visten camisón blanco, estiran sus ramas, bostezan a la luna y observan cómo derrapan los coches de caballos sobre los adoquines. El frío es tan intenso que los pájaros se congelan en pleno vuelo antes de caer estrellados contra el suelo. El sonido que emiten al fallecer es dulce, a pesar de que se trata del ruido de la muerte.

Es el día más frío de la historia. Y hoy es el día de mi nacimiento.

Fragmento de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Adiós al mar


Y qué va a hacer sin mí mañana

El mar dormido

A quién va a susurrar sin que nadie se entere

Sus vanos devaneos soñolientos

Para esperar a quién

Se querrá levantar temprano ahora

Ah por nada del mundo yo quisiera

Dejarle allí esperándome

No merece quedarse así tan solo

Sin meta sin razón sin cumplimiento

No puede ser que se quede frustrado

Algo que es tan visible

Que tiene que existir en este mundo

No puede ser que yo no vuelva

Como si al mar le hiciera tanta falta

Y yo le hubiera dado mi palabra.


Del poeta Tomás Segovia

viernes, 4 de noviembre de 2011

Pérdida y luto


(..) Existe la pérdida, como todos sabemos, pero también existe el efecto transformador de la pérdida, y éste último no puede ser trazado o planificado. Uno puede tratar de escogerlo, pero puede ser que esta experiencia de transformación desconstituya tal elección en algún grado. (…)

(…)Algo te atrapa: ¿de dónde viene?, ¿qué sentido tiene?, ¿qué nos demanda en esos momentos de manera tal que no podemos ser los dueños de nuestras vidas?, ¿a qué estamos atados?, ¿qué nos aprisiona? Freud (1917) nos recordaba que cuando perdemos a alguien, no siempre sabemos qué es lo que hay en  esa persona que se ha perdido. De modo que cuando uno experimenta una pérdida, también se enfrenta con algo enigmático: algo se esconde en la pérdida, algo se ha perdido entre los escondrijos de la pérdida. Si el luto involucra saber qué es lo que uno ha perdido (y la melancolía originalmente significaba, en cierta medida, no saber), entonces el luto se mantendría por su dimensión enigmática, por la experiencia de no saber, se mantendría incitada por la pérdida de lo que uno no puede conocer completamente. (…)

Judith Butler, fragmento de "Violencia, luto y política" Traducción: Edison Hurtado y Lola Pérez,  Universidad de California en Berkeley.

Violencia, luto y política

La pregunta que me preocupa a la luz de la reciente violencia mundial es, ¿quién cuenta como humano?, ¿las vidas de quién cuentan como vidas? y, finalmente, ¿qué hace que una vida sea digna de llorarse? A pesar de nuestras diferencias de ubicación e historia, mi presunción es que es posible apelar a un "nosotros", ya que todos tenemos una noción de lo que es haber perdido a alguien. La pérdida ha formado un tenue "nosotros" a partir de nosotros mismos. Y si hemos perdido es porque hemos tenido, porque hemos deseado y amado, por-que hemos luchado para encontrar las condiciones para nuestro deseo. En décadas recientes, todos hemos perdido a personas a causa del SIDA, pero hay otras pérdidas que nos infligen, que se deben a enfermedades y al conflicto global; también está el hecho de que las mujeres y las minorías, incluyendo las minorías sexuales, están, como una comunidad, sujetas a violencia y expuestas a su posibilidad, sino a su realización. Esto significa que cada uno de nosotros está constituido políticamente, en parte, en virtud de la vulnerabilidad social de nuestros cuerpos –como un sitio de deseo y vulnerabilidad física, como sitio de una publicidad a la vez asertiva y expuesta. Pérdida y vulnerabilidad parecen ser el resultado de nuestros cuerpos socialmente constituidos, cuerpos vinculados a otros, corriendo el riesgo de perder esos vínculos, cuerpos expuestos a otros, corriendo el riesgo de la violencia por el solo hecho de esa exposición.

Judith Butler, fragmento de "Violencia, luto y política" Traducción: Edison Hurtado y Lola Pérez,  Universidad de California en Berkeley.

lunes, 31 de octubre de 2011

Rebelión

"Por lo tanto, no cabe duda de que el reacomodo cultural tiene que ver con la nueva censura mediante el exceso, de la que hablaba en mi libro Del exceso de realidad, como si se tratara de impedir por todos los medios que aflore lo reprimido. No hay que olvidar el creciente número de seres que la globalización aleja cada día más de sí mismos. Hasta podría ser que esta suerte de desastres referentes a la memoria esté al origen de las peores afirmaciones de identidad como alternativas al mundo interconectado. Así nos están despojando de los tesoros que nos legaron –eso mismo a lo que usted aludía con la tradición– y me parece que las maneras de reconquistar estos tesoros están en las formas de oposición a este mundo, pero hay que empezar por deshacerse de todos los envoltorios culturales que los desfiguran cada vez más para acomodarlos a la moda del día. Es una manera de rebelión al alcance de todos, que además conlleva la promesa del encantamiento."

"Usted y yo comentábamos cuánto la relectura de Victor Hugo nos había maravillado, aun cuando todos los esfuerzos habían sido desplegados para relegar a Hugo a una especie de gabinete de antigüedades. Pero basta un gesto muy sencillo, el más sencillo del mundo: tomar un libro, abrirlo, leerlo. Entonces, de pronto, surge la maravilla. Y esta forma de oposición es muy sencilla."

Annie Le Brun, fragmento de la entrevista "Los vericuetos del mal" (Traducción del francés de Fabienne Bradu) tomado de la Revista "Letras Libres" edición de octubre de 2011.

Mi manera de pensar...

"Mi manera de pensar, dices, no puede ser aprobada. ¡Pues, qué me importa! ¡Bastante loco es quien adopta una manera de pensar como la de los demás! Mi manera de pensar es el fruto de mis reflexiones; está implicada en mi existencia, en mi organización. No soy dueño de cambiarla; y aunque pudiera no lo haría. Esa manera de pensar que censuras es el único consuelo de mi vida; alivia mis penas en prisión, constituye todos mis placeres en el mundo y la quiero más que a mi vida. No es en absoluto mi manera de pensar la que ha hecho mi desgracia; es la de los otros. Por ende, como usted dice, si mi libertad me costara el sacrificio de mis propios principios o de mis gustos, podemos decirnos un adiós definitivo porque preferiría sacrificar mil vidas y mil libertades si las tuviera. Hasta en el cadalso no cambiaría."

Marqués de Sade, Carta a su esposa Renée, noviembre de 1783 (fragmento)

martes, 4 de octubre de 2011

El Tigre de William Blake

El tigre

Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué profundidades distantes,
en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?

¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y al comenzar los latidos de tu corazón,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque?
¿Qué tremendas garras osaron
sus mortales terrores dominar?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?

Tigre, tigre, que te enciendes en luz,
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?

Versión de Antonio Restrepo

Escena originaria

No sé muy bien cómo voy a dar a la Facultad de Filosofía y Letras. Como cualquier chica de clase media, en mi casa tenía libros y leía, pero no tengo una escena originaria. Sí tengo una escena: el momento en que un barco zarpa, el momento en que un barco se despega del muelle y ya está en el agua. Y empieza a navegar. Transcurre en el primero o segundo año, estoy estudiando letras, debo tener diecisiete, dieciocho años.

Mi profesor de literatura inglesa era Jaime Rest, de la cátedra de Borges, pero Borges no estaba. A mí no me preocupaba mucho... por ignorancia, y seguramente porque no lo habría entendido. Estaba Rest, que era un profesor extraordinario y un gran crítico, a la inglesa, un ensayista. Un día dio como asignación la lectura de "El tigre", de William Blake. Yo fui al instituto de literatura inglesa, que funcionaba en un sótano, a la vuelta de la facultad, busqué el poema, lo leí, lo leí en inglés... y no entendí nada, literalmente. Es decir, entendía cada una de las palabras, pero no entendía, me parecía por un lado demasiado sencillo y, por el otro, completamente opaco, incomprensible. Rest estaba dando vueltas por ahí. Entonces fui y le dije "mire, profesor, usted pidió que leamos este poema, y yo no entiendo, no entiendo qué es esto, qué hay que hacer con esto". Hoy hubiera dicho qué hay que hacer con este artefacto, pero en ese momento no podía decir eso. Así que dije no entiendo. Rest me dijo "siéntese", y empezó una explicación que duró unos quince minutos. Yo comencé esa explicación siendo una persona y la terminé siendo otra. No recuerdo qué me dijo, no recuerdo su explicación. Yo creo que fue una clásica explicación de texto. Pero lo que recuerdo perfectamente fue sentir que, en algún momento de esos quince minutos, en mi cabeza se producía un ruido, un ruido físico, material. Y que de alguna manera yo decía "se trata de esto"; no el poema, o no solo el poema, sino la literatura entera.

Fragmento de la entrevista a Beatriz Sarlo por Pablo E. Chacon "Sobre literatura y política" tomado de la revista "Letras Libres" edición octubre de 2011.

Proyecto nacional

La democracia prometió un relevo civilizado, el recambio de élites y la posibilidad de un nuevo proyecto nacional. Trajo métodos pero no contenidos, atomizó el poder y asentó notables incapacidades directivas; eliminó el vértice pero mantuvo a la pirámide corporativa, que hoy lastres y extorsiona. Sin proyecto nacional no existe el contexto, ni la vitalidad ni las motivaciones que inspiren obras físicas públicas de gran significado, capaces de modificar el terreno de juego para el desarrollo regional y nacional. En la alternancia democrática, sólo la inercia (nada desdeñable) de la disciplina y el orden macroeconómico nos mantiene en movimiento.

Fragmento de la "Ingeniería, política y grandes proyectos" de Gabriel Quadri de la Torre tomado de la revista "Letras Libres" edición octubre de 2011.

El agua

El agua es igual al tiempo y proporciona a la belleza su doble. Constituidos en parte por agua, servidos a la belleza del mismo modo. Al rozar el agua, esta ciudad mejora la apariencia del tiempo, embellece el futuro. Ese es el papel de esta ciudad en el universo. Porque la ciudad es estatica, mientras que nosotros nos movemos. La lágrima es prueba de ello. Porque nosotros partimos y la belleza se queda. Porque nosotros vamos hacia el futuro, en tanto que la belleza es presente.

Joseph Brodsky hablando de Venecia y citado por Juan Carlos Cano en "El rescate de los lagos" tomado de la revista "Letras Libres", edición ooctubre 2011.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Conversaciones entre Rabindranath Tagore y Albert Einstein

Einstein- ¿Cree usted en lo divino aislado del mundo?

Tagore- Aislado no. La infinita personalidad del Hombre incluye el Universo. No puede haber nada que no sea clasificado por la personalidad humana, lo cual prueba que la verdad del Universo es una verdad humana. He elegido un hecho científico para explicarlo. La materia está compuesta de protones y electrones, con espacios entre sí, pero la materia parece sólida sin los enlaces interespaciales que unifican a los electrones y protones individuales. De igual modo, la humanidad está compuesta de individuos conectados por la relación humana, que confiere su unidad al mundo del hombre. Todo el universo está unido a nosotros, en tanto que individuos, de modo similar. Es un universo humano.
He seguido la trayectoria de esta idea en arte, en literatura y en la conciencia religiosa humana.


Fragmento de "Conversaciones entre Rabindranath Tagore y Albert Einstein"




sábado, 20 de agosto de 2011

Pluralidad social

Como lo enseña el colapso de los regímenes antidemocráticos a finales del siglo XX, la única homogeneidad política a la que se puede aspirar es la que se deriva de una comunidad de valores donde se respeta la pluralidad social y su creciente complejidad.

Soledad Loaeza
Fragmento de "Oposición y Democracia"

miércoles, 3 de agosto de 2011

El cerebro y el arte de la ficción

"Nuestro cerebro tiene la capacidad de detectar cuál es el origen de la información que tenemos: puede ser la realidad misma (lo que percibimos a través de los sentidos) o algo que consideramos ficción, pero una vez pasado ese estadio  en el cerebro se confunden por completo. Mi imagen mental, el recuerdo de mi mejor amigo, en este momento es tan real o tan ficticio, tan vívido o tan poco vívido como mi recuerdo de un personaje de la literatura, como mi recuerdo de Pedro Páramo".

"Es más importante la recreación de la realidad que la realidad misma, y esto constituye un fenómeno esencial para la supervivencia. Los seres humanos hemos desarrollado muy ampliamente la capacidad de predecir el futuro. Nuestro cerebro no está hecho para almacenar datos, no está hecho para tener una memoria de todo lo que hemos vivido. Sería inútil. Es por eso que olvidamos tan fácilmente. Aunque nos equivocamos constantemente, tratamos de prever lo que va a ocurrir todo el tiempo porque es lo único que puede garantizar nuestra conservación".

"En ese sentido, la  narrativa (todas las ficciones, desde un videojuego hasta el cine), pero muy particularmente la literatura de ficción, las novelas, los cuentos y los relatos, son ejercidos en el arte de ser humano. Nos enseñan las distintas posibilidades de lo humano para saber cómo se comportan los otros en ciertas circunstancias y también cómo lo haríamos nosotros en el mismo escenario".

"Las novelas nos colocan en escenarios de prueba posibles para ser vividos. Podemos también, en ese sentido evolutivo, comportarnos en consecuencia".

"Todo lo que soy y todo lo que percibo como el mundo: esta mesa, las nubes grisáceas en el cielo, mi propio brazo, el terso rostro de mi amada, todo se concentra en mis cien mil millones de neuronas".

"Para mí no importa tanto que tu estés ahí como que mis sentidos te aprehendan y yo forme una imagen mental tuya, que es la que en este momento estoy observando, la que creo que está frente a mi yo, con la que creo que estoy dialogando. Tú habitas dentro de mi cerebro en este momento, independientemente de que, quizá, también estés a un metro de distancia".

"Esto tiene consecuencias fascinantes: a todos los seres humanos los construimos así y eso también que puedan habitarnos también cuando no los vemos. Tú, para mí, sigues existiendo incluso si me volteara, pero también -en el caso más triste o terrible- alguien podría seguir existiendo aunque estuviese muerto."

"La única posibilidad de la vida después de la muerte en la que yo creo, es la vida después de la vida que está en las neuronas de las personas que te conocieron".

"La maravilla de las neuronas espejo es que están diseñadas para copiar los movimientos de los otros como si fueran los nuestros. La única manera de leer al otro es aprehender al otro y luego, interiormente, copiar esos mismos movimientos que está haciendo el otro para tratar de saber lo que nos quiere decir".

"Para muchos científicos este juego de imitación ha sido más importante en el desarrollo de la humanidad que la inteligencia. Aquí podemos ver un atisbo del origen de la ficción que nace esencialmente de un juego entre dos personas. El sustrato de la empatía, lo que llamamos empatía filosóficamente, es ponerse en el lugar del otro."

"Y es natural, lo hacemos todo el tiempo. Tal vez bloqueamos la empatía con prejuicios que nos hacen pensar que no podemos estar en el lugar del otro, pero si nos dejáramos llevar en realidad es muy fácil ponerse en el lugar del otro. Es lo que hacemos todo el tiempo frente a la ficción, frente una película o una novela."

"Ver hacer es como hacer".

Jorge Volpi
Fragmentos de la entrevista "Tocar lo invisible" hecha por José Gordon en la revista "Muy interesante", ed. julio 2011.

jueves, 7 de julio de 2011

Aura


La imagen de esta enajenación total te rebela: caminas, esta vez, hacia la otra puerta, la que da sobre el vestíbulo al pie de la escalera, la que esta al lado de la recamara de la anciana: allí debe vivir  Aura; no hay otra pieza en la casa. Empujas la puerta y entras a esa recamara, también oscura, de paredes enjalbegadas, donde el único adorno es un Cristo negro. A la izquierda, ves esa puerta que debe conducir a la recamara de la viuda. Caminando de puntas, te acercas a ella, colocas la mano sobre la madera, desistes de tu empeño: debes hablar con Aura a solas.
Y si Aura quiere que la ayudes, ella vendrá a tu cuarto. Permaneces allí, olvidado de los papeles amarillos, de tus propias cuartillas anotadas, pensando solo en la belleza inasible de tu Aura —mientras mas pienses en ella, mas tuya la harás, no solo porque piensas en su belleza y la deseas, sino porque ahora la deseas para liberarla: habrás encontrado una razón moral para tu deseo; te sentirás inocente y satisfecho— y cuando vuelves a escuchar la precaución de la campana, no bajas a cenar porque no soportarías otra escena como la del mediodía. Quizás Aura se dará cuenta y, después de la cena, subirá a buscarte. 

Realizas un esfuerzo para seguir revisando los papeles. Cansado, te desvistes lentamente, caes en el lecho, te duermes pronto y por primera vez en muchos años sueñas, sueñas una sola cosa,  suenas esa mano descarnada que avanza hacia ti con la campana en la mano, gritando que te alejes, que se alejen todos, y cuando el rostro de ojos vaciados se acerca al tuyo, despiertas con un grito mudo, sudando, y sientes esas manos que acarician tu rostro y tu pelo, esos labios que murmuran con la voz mas baja, te consuelan, te piden calma y cariño. Alargas tus propias manos para encontrar el otro cuerpo, desnudo, que entonces agitara levemente el llavín que tu reconoces, y con el a la mujer que se recuesta encima de ti, te besa, te recorre el cuerpo  entero con besos. No puedes verla en la oscuridad de la noche sin estrellas, pero hueles en su pelo el perfume de las plantas del patio, sientes en sus brazos la piel mas suave y ansiosa, tocas en sus senos la flor entrelazada de las venas sensibles, vuelves a besarla y no le pides palabras. 

Al separarte, agotado, de su abrazo, escuchas su primer murmullo: "Eres mi esposo". Tu asientes: ella te dirá  que amanece; se despedirá diciendo que te espera esa noche en su recamara. Tu vuelves a asentir, antes de caer dormido, aliviado, ligero, vaciado de placer, reteniendo en las yemas de los dedos el cuerpo de Aura, su temblor, su entrega: la niña Aura.

Fragmento de "Aura" de Carlos Fuentes.

lunes, 13 de junio de 2011

La naturaleza sin adjetivos


"Son muchos años que dedicamos a ese amaestramiento en las escuelas. Todo ese tiempo de estar sentados en aulas estamos pensando que el pensamiento es el centro del Universo y que lo que no piensa tiene un nivel secundario de existencia. Se dice "pienso, por lo tanto existo", pues es una tontería. Las cosas existen y algunas cosas piensan."


"Nosotros estamos tan obsesionados por nuestra propia especie que no vemos los espacios intermedios, creemos que el planeta es sólo la zona que habitamos. Llega a tal grado nuestra locura que llamamos Tierra a este planeta que es 75% agua, y hablamos con tal certeza de su porvenir como si fuera el porvenir de la especie humana".

"Para apreciar el grado de nuestra ceguera (que depende de estar sumergidos en la esfera del lenguaje y no de la realidad), incluso los biólogos, cuando hablan de lo sustentable, dicen: "Una empresa es sustentable si sus costos económicos se recuperan con sus ganancias. Eso, los costos y las ganancias, siempre se refieren al uso de los humanos. En realidad lo sustentable debería significar, por ejemplo, que la pesca del atún es sustentable en la medida en que la especia logra recuperarse o incluso aumentar. El problema es que cuando hablamos del bien común únicamente nos referimos a nuestra propia especie. Lo que estamos consiguiendo es un planeta en donde las profecías de que somos el centro y la única especie que vale la pena podrían cumplirse: llegará el momento en que seamos la única especie del planeta".

"Hay que apostar por nuestras diferencias, a la humildad científica que trata de entender la naturaleza sin prejuicios. Creo que el discurso de la ciencia es el más emocionante hoy en día porque sabe que la realidad es más misteriosa de lo que podemos imaginar."

Fragmentos de Sabina Berman, en entrevista con José Gordón para la columna "Tocar lo invisible". Revista "Muy interesante", edición junio 2010.