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domingo, 2 de junio de 2013

El mito que divide a las mujeres

El mito de la belleza no habla para nada de  las mujeres. Habla de las instituciones de los hombres y de su poder  institucional. Las cualidades que en un periodo determinado representan la belleza en las mujeres son meramente símbolos del comportamiento femenino que en ese periodo se consideran deseables. En realidad, el mito de  la belleza siempre está prescribiendo comportamientos y no apariencia. La competencia entre las mujeres ha formado parte del mito para dividirlas. La juventud y (hasta recientemente) la virginidad han sido “bellas”  en la mujer porque representan ignorancia sexual y falta de experiencia. El envejecimiento en las mujeres no es “bello” porque las mujeres se  vuelven más poderosas con el tiempo. El eslabón entre las generaciones  de mujeres tiene que ser continuamente roto: las mujeres viejas le temen  a las más jóvenes, las jóvenes le temen a las viejas, y el mito de la belleza  trunca para todas el conjunto de la vida femenina. Más urgentemente la  identidad de la mujer debe ser fundamentada en la “belleza” para que  permanezcamos vulnerables a la aprobación exterior, llevando el órgano vital y sensible del amor propio expuesto al intemperie. "

"El mito de la belleza" de Naomi Wolf

Una nueva forma de ser

" El mito actual de la belleza es más pernicioso que cualquier otra  mística de la femineidad. Hace un siglo, Nora cerró la puerta de su casa  de muñecas; hace una generación, las mujeres le dieron la espalda al  paraíso consumista del hogar repleto de todo tipo de aparatos domésticos. Pero donde las mujeres se encuentran atrapadas ahora, no hay puerta que cerrar. Los estragos contemporáneos de este contragolpe de la  belleza están destruyendo físicamente y agotando psicológicamente a  las mujeres. Para librarnos del peso muerto que una vez más se ha hecho  de la femineidad, lo primero que necesitamos las mujeres, no son ni votos ni manifestantes ni pancartas sino una nueva forma de ver."

"El mito de la belleza" de Naomi Wolf

Las ficciones del mito de la belleza

El auge del mito de la belleza fue sólo una de las muchas ficciones sociales en desarrollo que se hacían pasar como componentes naturales de la  esfera femenina para encerrar a las mujeres dentro de esta esfera.

Otras  ficciones parecidas surgieron contemporáneamente: la versión de una  niñez que requería supervisión materna constante, un concepto de biología femenina que necesitaba que las mujeres de clase media fueran  histéricas e hipocondriacas, la convicción de que las mujeres respetables  estaban sexualmente anestesiadas, y una definición del trabajo de la  mujer que la mantenía ocupada en labores de punto de cruz y elaboración de encaje, ambas actividades repetitivas, laboriosas y complicadas. Tales inventos de la época victoriana tuvieron una doble función: aunque pretendían encauzar la energía y la inteligencia femeninas por medios inofensivos, las mujeres las utilizaron para expresar su verdadera  creatividad y pasión. Pero a pesar de la creatividad de las mujeres de la clase media en la  moda, en el bordado y en la crianza de los niños, un siglo después, el  propósito principal de esta ficción se vio realizado, y consolidó el papel  del ama de casa de los suburbios.

Durante un siglo y medio de agitación  feminista sin precedente, esta ficción pudo contrarrestar el nuevo y peligroso ocio y la escolaridad de la mujer de clase media, así como su libertad frente a las restricciones materiales.

Estas ficciones, consumidoras de tiempo y mente, sobre el papel  natural de la mujer, se adaptaron para poder resurgir en la posguerra  con la mística de la femineidad. Sin embargo, fallaron temporalmente cuando la segunda ola del movimiento feminista desbarató la imagen  del “romance”, “la ciencia”, “la aventura de las labores domésticas y la  vida familiar”.

La empalagosa ficción doméstica del “espíritu familiar”  perdió su significado y las mujeres de la clase media salieron en masa de  sus hogares. Así que las ficciones se transformaron una vez más. Ya que el movimiento feminista había desbaratado con éxito casi todas las ficciones  que había sobre la feminidad, todo el trabajo de control social que se  había extendido a través de los medios de comunicación tenía que ser  reasignado al único cabo suelto, cuya acción consecuentemente se fortaleció cien veces más.

Se reimpuso entonces sobre los cuerpos y rostros de  las mujeres liberadas de todas las limitaciones, tabúes y castigos de las  leyes represivas, los mandatos religiosos y la esclavitud reproductiva,  que ya no tenían tanta fuerza.

La labor de belleza efímera e interminable  sustituyó a la labor doméstica efímera e interminable. A medida que la  economía, la ley, la religión, la moral sexual, la educación y la cultura se  vieron forzadas a abrirse de una manera más justa para incluir a las  mujeres, una realidad privada colonizaba la conciencia femenina. Al  usar ideas sobre la “belleza”, se reconstruyó un mundo femenino alternativo con sus propias leyes, economía, religión, sexualidad, educación  y cultura, en el que cada elemento es tan represivo como aquellos de  antaño.

"El mito de la belleza" de Naomi Wolf

La ilusión de la doncella de hierro

Esta alucinación inconsciente se vuelve más y más influyente y  penetrante cuando se transforma en manipulación mercantil consciente  de las grandes industrias: la industria de las dietas (33 mil millones de  dólares al año), la industria de los cosméticos (20 billones de dólares), la  industria de la cirugía estética (300 millones de dólares) y la industria de  la pornografía (7 mil millones de dólares al año). Todas estas industrias  han florecido gracias a las ganancias que deja la ansiedad inconsciente;  y a su vez pueden, por su influencia en la cultura masiva, usar, estimular  y reforzar la alucinación en una espiral económica ascendente.

Ésta no es una teoría de la conspiración; no tiene por qué serlo. Las  sociedades se inventan las ficciones de la misma manera que lo hacen  los individuos y las familias. Henrik Ibsen las llamaba “mentiras vitales” y el psicólogo Daniel Coleman dice que funcionan a nivel social  como funcionan en las familias. “La confabulación se mantiene distrayendo la atención del hecho temido o reacomodando su significado en  un formato aceptable”. El costo de estos puntos ciegos, dice el psicólogo,  son ilusiones colectivas destructivas.

Las posibilidades para las mujeres  se han vuelto tan diversas que amenazan con desestabilizar las instituciones sobre las cuales se ha levantado una cultura dominada por los  hombres, y una reacción de pánico colectivo de ambos sexos obligó a la  formación de contraimágenes. La alucinación resultante se materializa para las mujeres como algo  demasiado real. Deja de ser sólo una idea para volverse una imagen  tridimensional que delimita lo permitido y lo prohibido en las vidas de  las mujeres. Se convierte en la doncella de hierro.

Originalmente, la doncella de hierro era un instrumento de tortura en Alemania medieval; un  ataúd con forma de cuerpo de mujer con brazos, piernas y un rostro  sonriente bellamente pintados. A la infortunada víctima se le encerraba  en este ataúd, inmovilizándola, y moría por inanición o al encajársele  los clavos empotrados en el interior. La versión moderna en que se hallan atrapadas las mujeres es similarmente rígida y cruel: un cuerpo  eufemísticamente pintado. La cultura contemporánea dirige nuestra atención a la imagen de la doncella de hierro, mientras que censura los rostros y cuerpos auténticos de las mujeres.

"El mito de la belleza" de Naomi Wolf

El mito de la belleza

Estamos en medio de un violento contragolpe en contra del  feminismo que usa imágenes de belleza femenina como arma política  contra el avance de las mujeres: el mito de la belleza. Es la versión moder-  na de un reflejo social vigente desde la revolución industrial. Al mismo  tiempo que las mujeres se libraban de la mística femenina de la domesti-  cidad, el mito de la belleza ocupaba el terreno perdido y ocupaba el  relevo en esa función de control social.

El contragolpe contemporáneo es tan violento porque la ideología  de la belleza es el último baluarte de las viejas ideologías femeninas y  todavía tiene el poder del controlar a aquellas mujeres que de otra mane-  ra se hubieran hecho incontrolables con la segunda ola del feminismo. Se ha fortalecido para apoderarse de la función de sometimiento social  que los mitos sobre la maternidad, la domesticidad, la castidad y la pasi-  vidad ya no pueden ejercer. Esta ideología está intentando destruir de  manera psicológica y soterrada todos los logros que el feminismo obtuvo  de manera abierta y material.

"El mito de la belleza" de Naomi Wolf