miércoles, 9 de mayo de 2012

Convergencia de Dos

I

  En soledad de mar,

  muy lejos de la vanidad del hombre,

del Orgullo Vital que la planeara, yace tranquilamente.



II

  Aposentos de acero, extintas ya las piras

  de todos sus salamandrinos fuegos,

son traspasados por las frías corrientes, vueltos liras de rítmicas mareas.



III

  En los espejos, creados con el fin

  de enmarcar al magnate,

se desliza –grotesco y viscoso, callado, indiferente– un gusano de mar.



IV

  Las alegres alhajas, diseñadas

  para arrobar las mentes sensitivas,

yacen yertas y todos sus fulgores son nimios, negros, nulos.



V

  Peces con ojos de menguante luna

  miran aquel dorado equipo desde cerca

y se preguntan: "¿Qué hace aquí abajo tamaña petulancia?"



VI

  Pues bien: mientras se estaba construyendo

  esta criatura de ala surcadora,

el Destino Inmanente, que todo lo remueve y lo propulsa,



VII

  le preparó un siniestro compañero

  a ella, tan graciosamente grande:

un Figurín de Hielo, por entonces obeso y apartado.



VIII

  Mientras crecía la elegante nave

  en estatura, gracia y colorido,

a una distancia oscura y silenciosa también crecía el Iceberg.



IX

  Parecían ser dos desconocidos:

  ningún ojo mortal pudo advertir

la soldadura íntima de su postrera historia.



X

  O señal de que fueran orillados

  por rutas coincidentes

a ser, poco después, las mitades perfectas de un Augusto suceso.



XI

  Hasta que la Hilandera de los Años

  dijo: "¡Ahora!" Y cada quien lo oye,

se consolida la consumación y hace estremecer dos hemisferios. ~



Por Thomas Hardy. Versión de Hernán Bravo Varela. Tomado de la revista "Letras Libres", edición de Abril de 2012.


martes, 24 de abril de 2012

Cambiando la Percepción del Género, no la Performatividad


Yo argumentaría que el sexo social no se produce ni se propaga por la forma en que nosotros como individuos “desempeñamos” o “hacemos” nuestro género, sino que se encuentra en las percepciones e interpretaciones que los demás hacen de nosotros.  Puedo modificar mi propio género todo lo que quiera, pero eso no cambiará el hecho de que la gente seguirá asignando de forma compulsiva un género para mí y que me verá a través de los lentes distorsionados del sobrentendido cisexual y heterosexual.
Mientras que no hay expresión de género capaz de subvertir el sistema de género tal y como lo conocemos, sí en cambio es cierto que aún así podemos instituir el cambio en ese sistema. Sin embargo, tal cambio no vendrá por la gestión de la forma en que “hacemos” nuestro propio género, sino con el desmantelamiento de nuestro propio derecho cisexual a la apropiación del género. Si de verdad queremos poner fin a toda forma de opresión basada en el género, entonces debemos comenzar por asumir la responsabilidad por nuestras propias percepciones y presunciones. Lo más radical que cualquiera de nosotros puede hacer es dejar de proyectar sus propias creencias acerca del género de los demás en sus comportamientos y en sus cuerpos.

Julia Serano en Whipping Girl. A Transsexual Woman On Sexism And The Scapegoating Of Feminity (Se traduce más o menos como: La Chica del Látigo.  Una mujer transexual opina acerca del sexismo y el chivo expiatorio de la feminidad.) Tomado de http://akntiendz.com/?p=6315

lunes, 23 de abril de 2012

Más allá de la naturalización


”La mayoría de las personas cisexuales quiere creer que su masculinidad o su feminidad son “naturales,” de la misma manera que la mayoría de los heterosexuales quieren creer que su orientación sexual es “natural.” De hecho, si observamos espectro más amplio de los temas sociales y de clase en general, uno puede darse cuenta que existen muchas personas con la tendencia a “naturalizar” de alguna manera sus propios privilegios -ya se trate de personas ricas que tratan de justificar el enorme desequilibrio que se da entre ricos y pobres apropiándose de la teoría de la selección natural de Darwin, o de personas blancas que hacen afirmaciones en el sentido de que ellas son más inteligentes o tienen más éxito que la gente de color debido a su biología o a sus genes.  En lo que se refiere al tema del género, “natural” es la carta que marca el triunfo último, ya que saca de la mesa de discusión las cuestiones que son realmente importantes -los privilegios y los prejuicios- y enmarca por anticipado los puntos de vista reales y legítimos de las minorías sexuales presentándolos como asuntos que van “contra natura” o que son “artificiales,” y por lo tanto indignos de cualquier consideración seria.
Es por todas estas razones que prefiero el término cisexual para referirme a las personas no-transexuales.  Este término apela a la única diferencia relevante a la hora de hablar de la diferencia entre la población en general y aquellas de nosotras que somos personas transexuales: Las personas cisexuales únicamente han experimentado su sexo subconsciente y su sexo físico como alineados.

Julia Serano en Whipping Girl. A Transsexual Woman On Sexism And The Scapegoating Of Feminity (Se traduce más o menos como: La Chica del Látigo.  Una mujer transexual opina acerca del sexismo y el chivo expiatorio de la feminidad.) Tomado de http://akntiendz.com/?p=6315

domingo, 22 de abril de 2012

Mito del Privilegio Cisexual de Nacimiento

En el campo de las interacciones sociales, la única diferencia entre mi género como mujer transexual y el de ellas como mujeres cisexuales es que mi feminidad generalmente es maliciosamente caracterizada como de segunda clase, como ilegítima, como una imitación de la de ellas.  Y la mayor diferencia entre la historia de mi vida como mujer y la de ellas es que yo he tenido que luchar por mi derecho a ser reconocida como mujer, mientras que ellas han tenido el privilegio de simplemente darlo por hecho.


Julia Serano en Whipping Girl. A Transsexual Woman On Sexism And The Scapegoating Of Feminity (Se traduce más o menos como: La Chica del Látigo.  Una mujer transexual opina acerca del sexismo y el chivo expiatorio de la feminidad.) Tomado de http://akntiendz.com/?p=6315

Soy...

Soy:
la-que-no-pide-permiso
la-no-doy
la-tampoco-fío
la-que-se-multiplica
la-yo-misma
la-reflexiva-y-sin reveses-
la-que-va-a-donde-sea
la-que-no-se-calla
la-que-se-deja-la-barba
la-que-no-tiene-ni-un-pelo-de-tonta.


Sayak Valencia

jueves, 12 de abril de 2012

La chica del látigo

Personalmente, le doy la bienvenida a esta idea como un testimonio qué tan poca diferencia existe realmente entre las mujeres y los hombres.  Creer que una mujer es una mujer a causa de sus cromosomas sexuales, de sus órganos reproductores, o de la socialización, niega la realidad de que todos y cada uno de nuestros días, nos la pasamos clasificando a cada persona que vemos, ya sea como hombre o como mujer, basándonos en un pequeño conjunto de señales visuales y en una tonelada de cosas asumidas.  La única cosa que las mujeres compartimos es que todas somos percibidas como mujeres y tratadas en consecuencia. Como feminista, aguardo el momento en que finalmente iremos más allá de la idea de que la biología es el destino, y reconoceremos que las diferencias más importantes que existen entre las mujeres y los hombres en nuestra sociedad son los diferentes significados que le damos a unos y a otros cuerpos.

Julia Serano, fragmento de "La chica del látigo "

sábado, 7 de abril de 2012

Desayuno en Tiffany's

"Y cada pocos años nuestros cuerpos experimentan una remodelación completa; tanto si es deseable como si no lo es, nada más natural que el que cambiemos."

Truman Capote fragmento de "Desayuno en Tiffany's"

jueves, 22 de marzo de 2012

Conspiratio con Sicilia


…el anarquismo es imposible en la vida política ("No lo merecemos", decía Borges). Su vigencia es moral. Por eso prefiero esa variante suave del anarquismo que es el liberalismo. Más que una ideología es una actitud: una disposición a razonar y argumentar, no a imponer; a demostrar y fundamentar, no a vociferar. El liberalismo, en su esencia, no tiene que ver con la voluntad de poder sino con la voluntad de saber. El liberalismo no tiene fe en la fe sino en la verdad objetiva. Por todo ello, como acuerdo de vida en común, el marco natural del liberalismo no es el amor, que –como sostiene Sicilia– es "inadministrable". Su marco natural es la tolerancia, que consiste en el respeto radical a la persona humana, a la humanidad del otro, a lo que el otro es y a lo que el otro piensa.

Fragmento de "Conspiratio con Sicilia" de Enrique Krauze tomado de "Diálogo sobre la Democracia" de la Revista "Letras Libres", edición Febrero 2012.

Las trampas de la fe democrática


La verdadera democracia, la democracia en su sentido real, no es el voto ni las elecciones libres –aunque la apoyen–, no es una cuestión de administraciones institucionales ni de arreglos entre ellas y sus consejos especializados llamados partidos, cámaras y secretarías, mucho menos el libre mercado o el asalto al poder de los redentores; no es, en suma, un sistema, "sino –dice Douglas Lummis– un proyecto histórico que la gente manifiesta luchando por él". O mejor, una experiencia que repentinamente aparece, en medio del invierno que produce el Estado, "el más frío de los monstruos fríos", dice Nietzsche, y las fracturas de la historia, como una breve primavera. Es, por lo tanto, un aparecer, un milagro que la gente permite dándole voz y presencia a los sin voz y generando relaciones de confianza y de apoyo mutuo más allá de cualquier estructura administrativa, como sucedió en 1968, como sucede hoy con los zapatistas en sus comunidades, en los campamentos de los Indignados, de los Occupy, de la Primavera Árabe o en las grandes marchas y caravanas del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. No es una guerra ni una competencia. Son momentos dichosos en los que la igualdad, la libertad y la fraternidad se realizan en las fracturas del poder y de la historia.

Fragmento de "Las trampas de la fe democrática" de Javier Sicilia tomado de "Diálogo sobre la Democracia" de la Revista "Letras Libres", edición Febrero 2012.

miércoles, 7 de marzo de 2012

La Coyotera


Los policías venían y cobraban cuota a mi mama que en ese tiempo trabajaba cuidando a las muchachas en la vecindad de la Coyotera. Como no tenía para darles moche les pagaba con servicio. Yo veía que ellos entraban muy orondos, hacían muchas burlas mientras de uno por uno pasaban a los cuartos a estar con ellas. Después mi mama se enfermó de los pulmones, adelgazó bastante hasta quedar en los puros huesos. No sabíamos qué la estaba acabando hasta que vinieron del centro de salud y nos sacaron sangre a todos.


Yo creía que la enfermedad que ella tenía era por tanto malpasarse y fumar, pero luego le siguió la diarrea, los llagas en sus partes, el algodoncillo en la garganta que no la dejaba tragar comida. Sufrió lo que no se imaginan.


Dos de sus amigas resultaron con lo mismo. Yo también le entré al jale a la edad de quince años. Así es la necesidad. Me enamoré de un cadete de la séptima zona. Me enseñó a cuidarme con condón, me prometió sacarme de allí y llevarme a vivir con él a su rancho de Veracruz. Yo estaba muy chamaco en aquel entonces, no sabía que andaba esa epidemia que luego se supo era cosa incurable, tremenda. Todos pensaban que era un mal puesto, como brujería, porque mi mama y las gentes fueron quedando chupados como si las estuviera desangrando un vampiro invisible cada noche. El soldadito ya no volvió al ver tanta calamidad, me dejó para siempre, me cambió por otro chavo. Yo vi morir a mi mamá y varias muchachas en mis brazos.


Hace poco vino uno que fue policía, aseguraba que aquí lo habíamos contagiado. La vecina le dijo que ya todas se habían muerto, que yo estaba limpio. Enrabiado, entró a mi casa con pistola y de coraje rompió la televisión, el ropero, los espejos y las pocas cosas que mi mamá me dejó o que yo había comprado con lo que sacaba de mi trabajo de repartir condones, dar platicas y animar a la gente a que se hiciera la prueba del sida. Lo que más me duele es que todas las muñecas que mi mamá guardaba en una vitrina quedaron sin cabeza, destrozadas. A ese fulano le dicen el Gorgojo. Me dijo que iba a regresar para darme un escarmiento porque ahora iba a entrar a jalar con los Zetas.


Asustado fui y di aviso a los del gobierno pero se rieron de mí. Pinche sidoso, pos qué esperabas, me respondieron. A un amigo también lo han amenazado porque anda dando metadona en lugar de heroína en los picaderos. Yo si creo que el Gorgojo es capaz de matarnos. El domingo salió en las noticias que a tres cuadras de aquí un comando de encapuchados ejecutó a una familia. Acribillaron a la abuela y sus tres nietos. Oyeron que la viejita le gritaba a un tal Gorgojo que por amor de Dios no se llevara a sus chamacos. La rafaguearon junto a los chamaquitos, dizque andaban vendiendo droga para otros jefes. Los niños iban apenas en quinto y sexto de primaria. Yo tengo mucho miedo, tanto que me dio parálisis en la mitad del cuerpo, si viene un c omando no podré ni siquiera correr. Antes era el sida lo que nos provocaba mucho espanto, ahora son los encapuchados que llegan en patrullas de la policía y tiran bala parejo. Polis y matones son de los mismos.


Joaquín Hurtado en "Crónica Sero".

No tengo miedo

Hivid 0.75 mg tabletas (noventa) Tomar 1 c/8 hrs.Azitrocin 500 mg tabletas (seis) Tomar 1 al día por seis días.

NO TENGO MIEDO.

¿Qué son, después de todo, tres sexenios sin dinero para medicinas, camas o condones? ¡Carajo! ¿Qué son, vaya, las declaraciones de los curas?

NO TENGO MIEDO.

Protegerte con la inmaculación para que nadie te lleve a la hoguera porque tienes SIDA.

NO TENGO MIEDO.

Que en las fiestas hay quienes fomentan la burla a costa de los sidosos.

NO TENGO MIEDO.

Que el padre oyó lo del SIDA y puso cara de fotocopiada misericordia.

NO TENGO MIEDO.

Rolo tiene SIDA, Rolo tiene SIDA, Rolo tiene SIDA

NO TENGO MIEDO.

Tantos amigos que se han ido y que pudieran seguir aquí, como tú, querido.

NO TENGO MIEDO.

Hay días de ya se me olvida y días de no puedo acordarme. Hay días de nuevos amigos y nuevos adioses.

NO TENGO MIEDO.

Vienes de despedirlo, de padecer el silencio impotente y pasa un coche de donde salen gritos furiosamente familiares: "Te jodimos, cabrón".

NO TENGO MIEDO.

Que por las mañanas llegue tu padre y te diga: "Buenos días putito" y por las noches: "Ya llegué
putito.

NO TENGO MIEDO.

Ya no tardan las pústulas y los ojos sumidos.

NO TENGO MIEDO.
No me quieren en la oficina, tengo qué decirle a mis padres y a mis hermanos de "esto".

NO TENGO MIEDO.

Joaquín Hurtado en "Crónica Sero"

Martillazos

Hace frío. Duelen los pulmones que no llenan de aire. Me hago ovillo. Hoy cumplí cincuenta años, la mitad de ellos como portador. Traigo un mensaje enredado en la lengua, una noticia que no alebresta, un evangelio que ya nadie quiere comprar. Hago un esfuerzo y me incorporo.

Subo los escalones hasta el cuartito en la azotea, pregunto a los chavos si ya mataron a dios. Los miro mientras se echan otro militar, en un exuberante tiro al blanco con tecnología LCD. Los guarros chamacos invierten su preciosa eternidad frente a la consola de videojuegos descuartizando oficiales. Hasta que les da hambre y piden a gritos otra pizza con anchoas y cebolla.

Mariguana y Efavirenz hacen una combinación perfecta para los rucos alcahuetes de la decadencia juvenil. Los chavales me han custodiado con esmero hasta mi entrada triunfal en la oquedad de este domingo. Con manos tembeleques les mendigo el porro vespertino.

Ellos son los verdaderos héroes de la batalla que yo he perdido en el catre y ellos libran en las calles toreando milicias. Con tal de mantenerme sosegado en las horas infecciosas, yo los retribuyo con mi pensión de burócrata disecado.

Es cuestión de saber respetar el sentido histórico que les pertenece. Ellos son dueños del futuro. Un lugar que yo sé que no existe pero que a sus novias aún les hace bonita ilusión. Los chavales artillados deambulan en la estrecha playa existencial donde sólo se amanece para morir. Gente así merece un trato distinguido.

De ellos aprendí el arte insolente de estar en el mundo. Pura estética del yo inservible. Políticas extremas del escombro. Me he colocado en el espacio de la callada rendición, bajo el auspicio de la famosa caída del pulpo cadavérico. Sobreentendidos del amor filial.

Pregunto a los chicos si la cifra que aparece en la pantalla es el puntaje acumulado por cada baja infligida al cuerpo de élite. Me ignoran. Aplaudo.

Aspiro el humo rudo de la mota. Quien vive con sida bajo una de las guerras más sanguinarias del orbe desarrolla esta dejadez cómplice. Me mantengo en la feliz reserva junto a quienes ya sellaron su destino. Los chavos se madrean, se solazan en la reyerta del software poderoso que les emociona hasta el aullido. Soy un espectro que se agazapa en la claridad del siguiente mazazo de grifa.

Mi habla se hunde, se atasca, no fluye. El tiempo colapsa. Me absorbe una dulce somnolencia. La yesca me saca flemas con textura de cascajo. Duele el martillo marro del corazón. Soy sólo el tío puto y desechable. Y ya no tengo remedio.

Joaquín Hurtado, tomado de "Crónica Sero".

Coger


Muy atrás quedó la lívida y persignada metrópoli que pretendió infructuosamente normar las faldas abajo del huesito chanchaquero y los escotes encima del gaznate. Nos cayó el sida y la devota anciana gritó: ¿Ya ven?, ¡por puercos!
Me dieron el VIH+ a mitad de la década ochentera. En esa época los congales donde fichaban las putas chimuelas aún estaban conminados al gueto de lo indecible. Hoy recuerdo con ternura el primer médico que me atendió en el Hospital Universitario. No entendía cómo un hombre puede obtener placer en la verga de otro pelado. Con los ojos del tamaño de platos escuchó mi testimonio. Lo agarré virgencito. Si no hubiera sido por el funesto motivo de nuestro coloquio, quien quita y hubiera jalado. El ñoño y velludo galeno no estaba nada mal…
Bajé a las cloacas y vericuetos de locas y mayates en el primer cuadro urbano. Cines, parques, bares, esquinas, discos, baños públicos y saunas; los sitios no pasaban de una tímida docena. Más acá de la silenciosa amenaza del sida y las extorsiones de la policía, yo alcancé mis más grandes éxitos allí donde la milicia hacía de su jornada franca un generoso rehilete. Hoy los soldados se fueron a cazar infelices. Qué solos quedamos suripantas, maricas y seroconversos en esta suicida explosión del deseo.
Con la llegada del Partido Acción Nacional al poder en los años noventa floreció el moderno Teiboldance. Anglicismo degenerado que nombra todo aquello que años atrás sólo existía como lejano lujo. La ciudad democratizó las nalgas siliconiadas y los pelos güeros que hablaban ucraniano. Tasó sus orificios en dólares.
Los regios han diversificado su oferta en el mercado sexual. Monterrey se solaza como perra en celo. Muestra orgullosa que en los asuntos sicalípticos no se queda atrás del primer mundo. La globalización desembarcó violentamente para ofrecer su menú mercantilizado. Aún a costa de la esclavitud sexual femenina y explotación de menores. Si el consumidor decide quedarse en casita para no maltratarse el cutis bajo la pertinaz lluvia de balazos, sólo basta un click para que cuaje el rapidín en las redes de la araña digital. Lo que pida el rey.
Sí, parece una casualidad histórica que con la llegada al poder local del partido conservador y promotor de los valores de la Familia, las noches se inflamaron con un puterío abundoso y descarado. Sí, podría pensarse que las políticas hipócritas y represivas alimentaron los apetitos prohibidos. A esas evidencias sumemos los escándalos recientes en el giro negrísimo de los casinos. Los dueños son los mismos políticos mochos que se rasgan las corbatas Armani cada vez que se les cuestiona por sus negocios oscuritos.
Por eso creo que con la actual estrategia en contra del narco, el presidente ha pavimentado la irrupción de una patria próvida en estupefacientes. Bien haiga él.
Culo y mota pa´todos. Atáscate marrano.


Joaquín Hurtado. 
*Publicado en el número 188 del Suplemento Letra S del periódico La Jornada el jueves 1 de marzo de 2012



miércoles, 28 de diciembre de 2011

Riesgo grande de un galán en metáfora de mariposa

Vidrio animado que en la lumbre atinas
con la tiniebla en que tu vida yelas, 
y al breve tiempo del morir anhelas
en la circunferencia que caminas.

En poco mar de luz ve oscuras ruinas,
nave que desplegaste vivas velas;
la más fúnebre noche que recelas
se enciende entre la luz que te avecinas.

No retire tu espíritu cobarde
el vuelo de la luz donde te ardías,
abrásate en el riesgo que buscabas.

Dichosamente entre sus lumbres arde,
porque al dejar de ser lo que vivías
te empezaste a volver en lo que amabas.

Luis de Sandoval Zapata.

lunes, 5 de diciembre de 2011

C P U T A


La computadora en blanco
me mira
burlona;
la soberbia emperatriz
            que derrocó al cuadernillo
la noche que se comió
las plumas y los lápices
sólo para mostrarme lo ágil
que puede ser con las teclas.
de haber sabido que me saldría
            muy culata
por el tiro;
ni me fijo,
me hago pendejo como con el bajo…
pero es tan dame más,
tan te reto a que no puedes.
La muy puta
con tal de que le manoseé las haches
y le pula la eñe quedito
es capaz de hipnotizarme
o darme toques muy campante.

Quesque la desaprovecho,
me revienta:
nomás me quieres pascribir
pudiendo  hacer música
o diseñando aviones,
sólo me utilizas,
a lo que yo respondo:
tranquila, flojita, flojita.
Hay que ver cómo se pone
cuando estoy de viaje
y se cela de la libreta.
Y luego escríbeme, escríbeme así
no lo pienses
tecléame
ábreme el espacio
lléname de jotas las igriegas
sóplame en la equis
dame des, más des
ponme en eme
así
así
a que no te atreves
            a chuparme el arroba
a que no me enfalas la efe completa
más rápido
más rápido.

Pero qué decir de las machacantes
sequías de actividad,
de los bloqueos de inspiración,
si cada poco me sale con su
error al tratar de ejecutar
mande un informe a mi distribuidor,
yo le doy a entender a ésta vieja:
quiún diadestos
me consigo una chiquitita
            con más capacidá,
ella sólo contesta
que entre más pequeña
            más compleja
que primero consiga un manual
en el arte de los sistemas,
que su autluk su opdeit su ram,
luego no encuentro tal poema
            o tal tarea
tal archivo no existe
            ni nunca existió.

Y tiene razón;
la muy jija de su regenérica madre,
necesito un manual
pero de redacción,
los sistemas me dan  miedo.

Poema de Eduardo Ribé tomado del "Divagatorio", y éste de "De la hoja al cenicero".

La Mecánica del Corazón (VI)



Cuando tengo mucho miedo, noto que la mecánica de mi corazón patina hasta tal punto que parezco una locomotora de vapor en el momento en que sus ruedas chirrían en una curva. Viajo sobre los raíles de mi propio miedo. ¿De qué tengo miedo? De ti, en fin, de mi sin ti. El vapor, pánico mecánico de mi corazón, se filtra por debajo de los raíles. Oh, Madeleine, que calentito me tenías. Nuestro último encuentro aún está tibio, sin

embargo tengo tanto frío como si jamás te hubiera encontrado ese día, el día mas frío del mundo.

Fragmento de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu.

sábado, 3 de diciembre de 2011

La Mecánica del Corazón (V)



Jack:



Esta carta es muy pesada, tanto que me pregunto si la paloma logrará alzar el vuelo con tales noticias.

Esta mañana, cuando Luna, Anna y yo llegábamos a lo alto de la colina, la puerta de la casa estaba entreabierta, pero ya no había nadie. El taller estaba patas arriba, como si acabara de pasar un huracán. Habían revuelto todas las cajas de Madeleine, hasta el gato había desaparecido.

Fuimos inmediatamente en busca de Madeleine. Y al fin la encontramos en la prisión de Saint Calford. En el poco rato que nos autorizaron a verla, contó que la policía la había arrestado apenas unos minutos después de nuestra partida, y añadió que no había que preocuparse, que aquella no era la primera vez que la arrestaban y que todo  se arreglaría.

Me gustaría poder escribir que ya la han soltado, me gustaría contarte que cocina con una mano, que con la otra arregla a algún infeliz, aunque te eche de menos, que se porta bien. Pero ayer por la noche Madeleine se marchó. Partió en un viaje que ella misma decidió emprender pero del que jamás podrá regresar. Dejó su cuerpo en la cárcel y su corazón se liberó. Soy consciente de que esta noticia te sumirá en un gran estado de tristeza, pero no olvides nunca que tú le has dado la alegría de ser una verdadera madre. Ese era el mayor sueño de su vida. 

Ahora esperamos que la paloma nos traiga noticias tuyas. Espero que la paloma pueda alcanzarte pronto. La idea de que creas aún que Madeleine vive nos resulta cruel. 

Procuraré no releer esta carta, si no me arriesgo a no reunir jamás el valor para mandártela. 

Anna, Luna y yo te deseamos el coraje necesario para superar esta nueva adversidad.

Con todo nuestro amor,

Arthur

P.D.: Y no lo olvides nunca, "¡Oh When the Saints!"

Fragmento de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu.

La Mecánica del Corazón (IV)


Primero, no toques las agujas de tu corazón. Segundo, domina tu cólera. Tercero y mas importante, no te enamores jamás de los jamases. Si no cumples estas normas las agujas del reloj de tu corazón traspasará tu piel, tus huesos se fracturarán y la mecánica del corazón se estropeará de nuevo. 

El mensaje de la pizarra me aterroriza, aunque no tengo necesidad de leerlo pues ya me lo sé de memoria. Sopla un viento de amenaza entre mis engranajes. Por frágil que sea mi reloj, la pequeña cantante te ha instalado cómodamente en él. Ha
dejado sus pesadas maletas cargadas de yunques en cada rincón; sin embargo, jamás me había sentido tan ligero como desde que la conocí..

Fragmento de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu.

La Mecánica del Corazón (III)





De repente, el cucú de mi corazón empieza a sonar muy fuerte, mucho más fuerte que cuando sufro una crisis. Siento que mis engranajes giran a toda velocidad, como si me ahogara. El carillón me revienta los tímpanos, me tapo los oídos pero el tictac resuena en el interior, haciéndose insoportable. Las agujas me rebanarán el cuello. La doctora Madeleine intenta calmarme con gestos discretos, como si intentara atrapar a un pobre canario asustado en su jaula. Tengo un calor asfixiante.

Me hubiera gustado parecer un águila real o una gaviota majestuosa, pero en lugar de eso, aparezco como un pobre canario perturbado y confundido por sus propios sobresaltos. Espero que la pequeña cantante no me haya visto. Mi tictac resuena seco,
mis ojos se abren, y mi nariz se alza al cielo. La doctora Madeleine me sujeta por el cuello de mi camisa, después me agarra del brazo y mis talones se despegan ligeramente del suelo.

-¡Volvemos a casa de inmediato! ¡Asustas a todo el mundo! ¡A todo el mundo!

Parece furiosa e inquieta a la vez. Me siento avergonzado. Al mismo tiempo rememoro las imágenes de la joven muchacha que canta sin gafas y mira el sol de frente. Y entonces ocurre: me enamoro. En el interior de mi reloj es el día más caluroso de la
historia.

Después de un cuarto de hora de ajustes a mi corazón y una buena sopa de fideos, recupero mi estado normal. La doctora Madeleine tiene un gesto cansado, como cuando después de horas y horas cantando no consigue que me duerma, aunque está vez tiene un aire más concienzudo. 

-Recuerda que tu corazón no es más que una prótesis, es infinitamente más frágil que un corazón normal, y me temo que siempre va a ser así. Los mecanismos de tu reloj no filtran las emociones como lo harían los tejidos de un corazón normal. Es absolutamente necesario que seas prudente. Lo que ha ocurrido en la ciudad cuando has visto a esa pequeña cantora confirma lo que me temía: el amor es demasiado peligroso para ti.


-Me encanta contemplar su boca.
-¡No digas eso!
-Su rostro es hermoso, con esa sonrisa resplandeciente que provoca que uno quiera contemplada mucho rato.
-No te das cuenta, te lo tomas como si no tuviera importancia. Pero lo que haces es jugar con fuego, un juego peligroso, sobre todo si se tiene un corazón de madera. Te duelen los engranajes cuando toses, ¿verdad?
-Sí.
-Pues bien, ese es un sufrimiento insignificante si lo comparas con el que puede originar el amor. Todo el placer y la alegría que el amor provoca puedes pagados un día con muchos sufrimientos. Y cuanto más intensamente ames, más intenso será el dolor futuro. Conocerás la angustia de los celos, de la incomprensión, la sensación de rechazo y de injusticia. Sentirás el frío hasta en tus huesos, y tu sangre formará cubitos de hielo que notarás correr bajo tu piel. La mecánica de tu corazón explotará. Yo misma te instalé este reloj, conozco perfectamente los límites de su funcionamiento. Como mucho, es posible que resista la intensidad del placer, pero no es lo bastante sólido para aguantar los pesares del amor.

Madeleine sonríe tristemente, con el rictus que siempre la acompaña, pero en esta ocasión no hay ni rastro de cólera.

Fragmento de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu.

jueves, 1 de diciembre de 2011

La Mecánica del Corazón (II)




-Aquel famoso dieciséis de abril de mil ochocientos setenta y cuatro, el frío me quebró la columna vertebral:
tan solo el calor del alcohol que ingiero desde esos sombríos acontecimientos impidió que me congelara del todo. Soy el único mendigo que se salvó, el resto de mis compañeros murieron de frío.
Se quita el abrigo y me pide que le mire la espalda. Me incomoda un poco, pero no me siento capaz de negarme.
-Para reparar la parte rota, la doctora Madeleine me injertó un pedazo de columna vertebral musical a la que ella misma afinó los huesos. Si me doy en la espalda con un martillo puedo tocar música. Suena muy bien, pero, por otro lado, ando como un
cangrejo. Anda, toca algo si quieres -me dice alargándome su pequeño martillo.
-¡No sé tocar nada!
-Espera, espera, vamos a cantar un poco, ya verás qué bien suena.
Y se pone a cantar «Oh When the Saints» acompañándose con su osófono. Su voz reconforta como un cálido y esplendoroso fuego de chimenea en una noche de invierno.
Mientras se marcha, abre una alforja repleta de huevos de gallina.
-¿Por qué cargas con todos esos huevos?
-Porque están llenos de recuerdos... Mi mujer los cocinaba de maravilla. Me basta cocer uno para tener la impresión de que vuelvo a estar con ella.
-¿Y los cocinas igual de bien?
-No, me salen cosas infames, pero eso me permite reavivar los recuerdos con mayor facilidad. Coge uno si quieres.
-No quiero que te falte ningún recuerdo.
-No te preocupes por mí, tengo demasiados. Tú todavía no lo sabes, pero algún día te alegrará mucho abrir el zurrón y encontrar un recuerdo de tu infancia. 
Mientras tanto, lo que sí sé es que tan pronto como resonaron los acordes menores de «Oh When the Saints», las brumas de mis preocupaciones se disiparon durante varias horas.

Fragmento de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La Mecánica del Corazón (I)



Nieva sobre Edimburgo el 16 de abril de 1874. Un frío gélido azota la ciudad. Los viejos especulan que podría tratarse del día más frío de la historia. Diríase que el sol ha desaparecido para siempre. El viento es cortante; los copos de nieve son más ligeros que el aire.

¡blanco! ¡blanco! ¡blanco!

Explosión sorda. No se ve más que eso. Las casas parecen locomotoras de vapor, sus chimeneas desprenden un humo grisáceo que hace crepitar el cielo de acero. Las pequeñas callejuelas de Edimburgo se metamorfosean. Las fuentes se transforman en jarrones helados que sujetan ramilletes de hielo. El viejo río se ha disfrazado de lago de azúcar glaseado y se extiende hasta el mar. Las olas resuenan como cristales rotos. La escarcha cae cubriendo de lentejuelas a los gatos. Los árboles parecen grandes hadas que visten camisón blanco, estiran sus ramas, bostezan a la luna y observan cómo derrapan los coches de caballos sobre los adoquines. El frío es tan intenso que los pájaros se congelan en pleno vuelo antes de caer estrellados contra el suelo. El sonido que emiten al fallecer es dulce, a pesar de que se trata del ruido de la muerte.

Es el día más frío de la historia. Y hoy es el día de mi nacimiento.

Fragmento de "La Mecánica del Corazón" de Mathias Malzieu.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Adiós al mar


Y qué va a hacer sin mí mañana

El mar dormido

A quién va a susurrar sin que nadie se entere

Sus vanos devaneos soñolientos

Para esperar a quién

Se querrá levantar temprano ahora

Ah por nada del mundo yo quisiera

Dejarle allí esperándome

No merece quedarse así tan solo

Sin meta sin razón sin cumplimiento

No puede ser que se quede frustrado

Algo que es tan visible

Que tiene que existir en este mundo

No puede ser que yo no vuelva

Como si al mar le hiciera tanta falta

Y yo le hubiera dado mi palabra.


Del poeta Tomás Segovia

viernes, 4 de noviembre de 2011

Pérdida y luto


(..) Existe la pérdida, como todos sabemos, pero también existe el efecto transformador de la pérdida, y éste último no puede ser trazado o planificado. Uno puede tratar de escogerlo, pero puede ser que esta experiencia de transformación desconstituya tal elección en algún grado. (…)

(…)Algo te atrapa: ¿de dónde viene?, ¿qué sentido tiene?, ¿qué nos demanda en esos momentos de manera tal que no podemos ser los dueños de nuestras vidas?, ¿a qué estamos atados?, ¿qué nos aprisiona? Freud (1917) nos recordaba que cuando perdemos a alguien, no siempre sabemos qué es lo que hay en  esa persona que se ha perdido. De modo que cuando uno experimenta una pérdida, también se enfrenta con algo enigmático: algo se esconde en la pérdida, algo se ha perdido entre los escondrijos de la pérdida. Si el luto involucra saber qué es lo que uno ha perdido (y la melancolía originalmente significaba, en cierta medida, no saber), entonces el luto se mantendría por su dimensión enigmática, por la experiencia de no saber, se mantendría incitada por la pérdida de lo que uno no puede conocer completamente. (…)

Judith Butler, fragmento de "Violencia, luto y política" Traducción: Edison Hurtado y Lola Pérez,  Universidad de California en Berkeley.

Violencia, luto y política

La pregunta que me preocupa a la luz de la reciente violencia mundial es, ¿quién cuenta como humano?, ¿las vidas de quién cuentan como vidas? y, finalmente, ¿qué hace que una vida sea digna de llorarse? A pesar de nuestras diferencias de ubicación e historia, mi presunción es que es posible apelar a un "nosotros", ya que todos tenemos una noción de lo que es haber perdido a alguien. La pérdida ha formado un tenue "nosotros" a partir de nosotros mismos. Y si hemos perdido es porque hemos tenido, porque hemos deseado y amado, por-que hemos luchado para encontrar las condiciones para nuestro deseo. En décadas recientes, todos hemos perdido a personas a causa del SIDA, pero hay otras pérdidas que nos infligen, que se deben a enfermedades y al conflicto global; también está el hecho de que las mujeres y las minorías, incluyendo las minorías sexuales, están, como una comunidad, sujetas a violencia y expuestas a su posibilidad, sino a su realización. Esto significa que cada uno de nosotros está constituido políticamente, en parte, en virtud de la vulnerabilidad social de nuestros cuerpos –como un sitio de deseo y vulnerabilidad física, como sitio de una publicidad a la vez asertiva y expuesta. Pérdida y vulnerabilidad parecen ser el resultado de nuestros cuerpos socialmente constituidos, cuerpos vinculados a otros, corriendo el riesgo de perder esos vínculos, cuerpos expuestos a otros, corriendo el riesgo de la violencia por el solo hecho de esa exposición.

Judith Butler, fragmento de "Violencia, luto y política" Traducción: Edison Hurtado y Lola Pérez,  Universidad de California en Berkeley.