martes, 3 de septiembre de 2013

Sobre las acciones afirmativas

(...) La acción afirmativa admite, al menos, dos definiciones, una de gran amplitud y otra más concreta y limitada. En su sentido más amplio, la acción afirmativa consiste “en la idea de dar los pasos proactivos necesarios para desmantelar el prejuicio.

Aunque el término “acción afirmativa” sólo se empezó a utilizar en 1961, en la “Instrucción ejecutiva núm. 10925” (Executive Order 10925) del presidente estadounidense John F. Kennedy, la idea de actuar proactivamente para la integración social de la población negra puede registrarse desde 1953, cuando el Comité sobre Cumplimiento de Contratos del presidente Harry S. Truman urgió a “actuar positiva y afirmativamente  para aplicar la política de no discriminación en […] los servicios de empleo”.15En este sentido amplio, la acción afirmativa puede contemplarse como la promoción, gubernamental y social, de la inclusión social de un grupo, en este caso la población negra, tradicionalmente discriminado y excluido. Esta inclusión social puede lograrse con medidas de distinto tipo, cuyo propósito último es la igualdad de oportunidades.

El otro sentido de la acción afirmativa es más restringido, aunque sumamente relevante, y tiene que ver con medidas específicas para que grupos como las mujeres y las minorías étnicas puedan estar representados en las posiciones educativas y laborales más altas y redituables de una sociedad.

En este sentido, la acción afirmativa puede diferenciarse de la igualdad de oportunidades, pues esta última no se define por la pertenencia a un grupo discriminado, mientras que en aquélla esta pertenencia es esencial:

La leyes y políticas de igualdad de oportunidades requieren que los individuos sean juzgados por sus cualidades como individuos, sin tomar en cuenta la raza, el sexo, la edad, etc. La acción afirmativa requiere que los individuos sean juzgados tomando en cuenta tal pertenencia a un grupo, recibiendo un tratamiento preferencial o compensatorio en algunos casos, para alcanzar una “representación” más proporcional en algunas instituciones y ocupaciones.

En esta acepción, la acción afirmativa se expresa mediante una política de “cuotas” educativas o laborales, que funciona como un mecanismo de “reserva” de un porcentaje preestable cido de plazas y posiciones en empleos y matrículas educativas para minorías sexuales o raciales. Así, por ejemplo, en numerosas universidades estadounidenses se abrieron en los años setenta procesos de doble ingreso que, por una parte, establecían estándares de admisión de un tipo para estudiantes blancos y, por otra, estándares de otro tipo para estudiantes de minorías raciales como las poblaciones negra o latina. De manera similar, en legislaciones como la alemana se prevén medidas de cuota laboral para mujeres, con el propósito de darles mayor representación en los puestos de decisión.

Acaso lo más novedoso en el terreno de la acción afirmativa sea la introducción legal de cuotas en el terreno de la representación política. En efecto, ante la constatación de la subrepresentación de las mujeres en el poder político, en algunas naciones se han establecido cuotas de género que garanticen un mínimo de representación de las mujeres en posiciones políticas relevantes. Así, en México el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) obliga a que los partidos no excedan de un setenta por ciento de candidaturas a legisladores federales propietarios para un solo sexo.

Ya sea que se prefiera la concepción general de la acción afirmativa o su concepción concreta identificada con la cuotas, lo cierto es que siempre se le supone como una estrategia temporal que debe desparecer apenas hayan sido equilibradas las condiciones de desventaja que le dieron origen. La temporalidad de la acción afirmativa reafirma su vinculación con el concepto de igualdad, pues esta estrategia de compensación no se contempla como un fin en sí mismo sino como un medio para alcanzar el objetivo deseable de la igualdad de trato y de oportunidades entre todos los miembros de la sociedad (...)"

Fragmento de "Qué es la discriminación y cómo combatirla" de Jesús Rodríguez Zepeda. Cuadernos de la Igualdad de CONAPRED.

Concepto de discriminación

"(...) la discriminación puede ser definida como una conducta, culturalmente fundada, y sistemática y socialmente extendida, de desprecio contra una persona o grupo de personas sobre la base de un prejuicio negativo o un estigma relacionado con una desventaja inmerecida, y que tiene por efecto (intencional o no) dañar sus derechos y libertades fundamentales (...).

(...) En las leyes mexicanas esta definición técnica es la dominante, lo que implica que el tema de la discriminación se debe discutir y tratar en el ámbito de las acciones legales y la defensa y promoción de los derechos fundamentales de las personas. El Artículo Primero, Párrafo Tercero, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, incluye a la no discriminación como una “garantía individual”, es decir, como un derecho de la persona que el Estado está obligado a tutelar de manera especial, incluso según una interpretación consecuente con la idea de protección constitucional, mediante el mecanismo del juicio de amparo, aunque no sólo mediante éste. Esta cláusula antidiscriminatoria señala que:

Queda prohibida toda discriminación motivada por el origen étnico o nacional, el género, la edad, las capacidades diferentes, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.

Las garantías constitucionales, como dice el jurista Luigi Ferrajoli, son protecciones para todos, pero expresan, en especial, el derecho de los más débiles. Garantías como la no discriminación constituyen, en efecto, “la ley del más débil”, porque obligan al Estado a no atropellar, y a no avalar atropellos, contra las personas que son objeto de prejuicios negativos y de estigmas sociales sólo por pertenecer a un grupo subvalorado o despreciado de manera no justificable.

La Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, promulgada el 9 de junio de 2003, reglamenta la cláusula constitucional contra la discriminación y pretende dar cauce a la interpretación más progresista que es posible hacer de ella, a saber, la de contemplarla como una palanca para la igualdad de oportunidades y para la protección y promoción de los grupos que han padecido una segregación secular.Por ello, su definición de discriminación es aún más precisa que la de la propia Constitución. Esta ley señala que:

Se entenderá por discriminación toda distinción, exclusión o restricción que, basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil, o cualquier otra, tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas.

Puede notarse que, entre otras, la principal diferencia entre la definición de discriminación que da la Ley Federal y la incluídaen la Constitución es la referencia en la primera a la “igualdad real de oportunidades”, que se agrega a los “derechos y libertades” referidos en el texto constitucional. En cualquier caso, no sólo se mantiene la referencia a la discriminación como limitación o anulación de libertades y derechos, sino que se amplía su definición para hacerla equivalente a limitaciones de acceso a las oportunidades socialmente disponibles para el grueso de la población. (...)"

Fragmento de "Qué es la discriminación y cómo combatirla" de Jesús Rodríguez Zepeda. Cuadernos de la Igualdad de CONAPRED.

Igualdad derivativa e Igualdad constitutiva

"(...) la igualdad derivativa, es decir, la igualdad de trato, tiene un carácter formal; exige, en efecto, que todas las personas sean tratadas “de la misma manera” y sin discriminación alguna, lo que supone una “protección igual y efectiva” para todas ellas, “incluyendo” en este trato a las personas tradicionalmente discriminadas por su pertenencia a un grupo estigmatizado. En este sentido, afirmar la no discriminación en el sentido formal de la igualdad se concreta en la exigencia de un trato igual para todas las personas.

Sin embargo, la igualdad como meta social y como ideal de una sociedad democrática (es decir, como valor compartido y no sólo como definición formal del trato del sistema legal con los ciudadanos) supone tratar a las personas como iguales en dignidad, derechos y merecimiento de acceso a las oportunidades sociales disponibles. Como las condiciones sociales reales en que viven las personas discriminadas suponen el peso de una serie de desventajas inmerecidas, que conllevan de manera regular el bloqueo en el acceso a derechos fundamentales y la limitación para el aprovechamiento de oportunidades regularmente disponibles para el resto de la población, este valor de la igualdad sólo se podrá realizar si incluye la idea de “medidas compensatorias” de carácter especial, orientadas a estos grupos y promovidas y/o supervisadas y estimuladas por el Estado. La igualdad constitutiva exige, entonces, que en algunos casos la sociedad aplique tratamientos diferenciados positivos que promuevan la integración social de las personas discriminadas y que les permitan aprovechar esos derechos y oportunidades a los que sí acceden, de manera regular, quienes no sufren de discriminación.

Tengamos en cuenta que la posibilidad de aprovechar los derechos y oportunidades que brinda una sociedad no es igual para todos. Para ciertos grupos los prejuicios negativos y el estigma cultivados durante mucho tiempo en su contra implican una desventaja real en el acceso a derechos y oportunidades, por lo que sus miembros viven, en los hechos, una desigualdad de origen, de la que no son moralmente responsables y que difícilmente pueden remontar de manera voluntaria por estar ésta arraigada en las costumbres, en las leyes, en las instituciones, en la cultura, en los modelos de éxito, en los estándares de belleza y en otros elementos de la vida colectiva que definen las relaciones entre grupos sociales.

Si consideramos al mundo tal cual es, y no como un modelo ideal donde todos tengan igualdad de oportunidades, lo que la desventaja de estos grupos exige es una “compensación” que les permita equilibrar la situación de desventaja que han padecido a lo largo del tiempo.

Esta compensación tiene que consistir en una estrategia a favor de la igualdad en su sentido constitutivo, pero implicaría la aceptación de diferencias de trato para favorecer, temporalmente, a quienes pertenecen a los grupos vulnerables a la discriminación. Esta idea de igualdad permite considerar a la así llamada “acción afirmativa” (que algunos autores denominan también “discriminación inversa o positiva”) como parte de las políticas de la igualdad y no como una forma de nueva discriminación inaceptable(...)

Fragmento de "Qué es la discriminación y cómo combatirla" de Jesús Rodríguez Zepeda. Cuadernos de la Igualdad de CONAPRED.

Discriminación y su sentido jurídico

" (...) la idea de que la discriminación, en un sentido estricto, lo es sólo porque se manifiesta como una restricción o anulación de derechos fundamentales o libertades básicas, la encontramos en leyes y constituciones, antes que en estudios o teorías. Esta presencia de nuestra definición en las leyes cumple la valiosa función de destrivializar la noción y darle una formulación adecuada en el propio lenguaje de los derechos (...)"

Fragmento de "Qué es la discriminación y cómo combatirla" de Jesús Rodríguez Zepeda. Cuadernos de la Igualdad de CONAPRED.

La no discriminación como concepto fundamental de la justicia.

"En realidad, la no discriminación es parte de una concepción fundamental de la justicia. Una sociedad justa es aquella en la que no existen, o al menos no son significativos, los tratos de desprecio hacia grupos completos por razón de una característica o atributo como el sexo, la discapacidad, la edad, el origen étnico, la religión, la preferencia sexual y otros atributos que además han sido estigmatizados y asociados con inferioridad y falta de valor. En el esquema de una sociedad justa tienen que concurrir también la vigencia de derechos y libertades fundamentales y las condiciones socioeconómicas que garanticen el bienestar general, pero la no discriminación es imprescindible."

Fragmento de "Qué es la discriminación y cómo combatirla" de Jesús Rodríguez Zepeda. Cuadernos de la Igualdad de CONAPRED.

martes, 9 de julio de 2013

La verdad es que soy como de piedra, soy como mi propio mausoleo

"La verdad es que soy como de piedra, soy como mi propio mausoleo; no queda ni un resquicio para la duda ni para la fe, para el amor o para la repulsión, para el valor o para el miedo, en lo concreto o en lo general; vive únicamente una vaga esperanza, pero no mejor que las inscripciones de los mausoleos. Casi ninguna de las palabras que escribo armoniza con la otra, oigo restregarse entre sí las consonantes con un ruido de hojalata, y las vocales unen a ellas su canto como negros de barraca de feria. Mis dudas se levantan en círculo alrededor de cada palabra, las veo antes que la palabra, pero, ¡qué digo!, la palabra no la veo en absoluto, la invento. Y ésta no sería la peor de las desgracias, porque entonces me bastaría con inventar palabras capaces de barrer en alguna dirección el olor a cadáver, para que éste no nos diera directamente en la cara a mí y al lector. Cuando me pongo ante mi escritorio, no me siento más a gusto que uno que cae en pleno tráfico de la Place de l'Opera y se rompe las dos piernas".

Franz Kafka en "Diarios".

jueves, 27 de junio de 2013

Identidad sexual y género en la contrasexualidad

La identidad sexual no es la expresión instintiva de la verdad prediscursiva de la carne, sino un efecto de reinscripción de las prácticas de género en el cuerpo. El problema del llamado feminismo constructivista es haber hecho del cuerpo-sexo una materia informe a la que el género vendría a dar forma y significado dependiendo de la cultura o del momento histórico. El género no es simplemente performativo (es decir, un efecto de las prácticas culturales lingüístico-discursivas) como habría querido Judith Butler.

El género es ante todo prostético, es decir, no se da sino en la materialidad de los cuerpos. Es puramente construido y al mismo tiempo enteramente orgánico. Escapa a las falsas dicotomías metafísicas entre el cuerpo y el alma, la forma y la materia. El género se parece al dildo. Porque los dos pasan de la imitación. Su plasticidad carnal desestabiliza la distinción entre lo imitado y el imitador, entre la verdad y la representación de la verdad, entre la referencia y el referente, entre la naturaleza y el artificio, entre los órganos sexuales y las prácticas del sexo. El género podría resultar una tecnología sofisticada que fabrica cuerpos sexuales.

Es este mecanismo de producción sexo-prostético el que confiere a los géneros femenino y masculino su carácter sexual-real-natural. Pero, como para toda máquina, el fallo es constitutivo de la máquina heterosexual. Dado que lo que se invoca como «real masculino» y «real femenino» no existe, toda aproximación imperfecta se debe renaturalizar en beneficio del sistema, y todo accidente sistemático (homosexualidad, bisexualidad, transexualidad...) debe operar como excepción perversa que confirma la regularidad de la naturaleza.

Extracto de "Manifiesto Contrasexual"  de Beatriz Preciado

La tecnología sexual heteronormativa

La tecnología social heteronormativa (ese conjunto de instituciones tanto lingüísticas como médicas o domésticas que producen constantemente cuerpos-hombre y cuerposmujer) puede caracterizarse como una máquina de producción ontológica que funciona mediante la invocación performativa del sujeto como cuerpo sexuado. Las elaboraciones de la teoría queer llevadas a cabo durante los noventa por Judith Butler o por Eve K. Sedgwick han puesto de manifiesto que las expresiones, aparentemente descriptivas, «es una niña» o «es un niño», pronunciadas en el momento del nacimiento (o incluso en el momento de la visualización ecográfica del feto) no son sino invocaciones performativas –más semejantes a expresiones contractuales pronunciadas en rituales sociales tales como el «sí, quiero» del matrimonio, que a enunciados descriptivos tales como «este cuerpo tiene dos piernas, dos brazos y un rabo». Estos performativos del género son trozos de lenguaje cargados históricamente del poder de investir un cuerpo como masculino o como femenino, así como de sancionar los cuerpos que amenazan la coherencia del sistema sexo/género hasta el punto de someterlos a procesos quirúrgicos de «cosmética sexual» (disminución del tamaño del clítoris, aumento del tamaño del pene, fabricación de senos de silicona, refeminización hormonal del rostro, etc.

Extracto de "Manifiesto Contrasexual"  de Beatriz Preciado

Del sexo como tecnología biopolítica

El sexo, como órgano y práctica, no es ni un lugar biológico preciso ni una pulsión natural. El sexo es una tecnología de dominación heterosocial que reduce el cuerpo a zonas erógenas en función de una distribución asimétrica del poder entre los géneros (femenino/masculino), haciendo coincidir ciertos afectos con determinados órganos, ciertas sensaciones con determinadas reacciones anatómicas.

La naturaleza humana es un efecto de tecnología social que reproduce en los cuerpos, los espacios y los discursos la ecuación naturaleza = heterosexualidad. El sistema heterosexual es un aparato social de producción de feminidad y masculinidad que opera por división y fragmentación del cuerpo: recorta órganos y genera zonas de alta intensidad sensitiva y motriz (visual, táctil, olfativa...) que después identifica como centros naturales y anatómicos de la diferencia sexual.

Los roles y las prácticas sexuales, que naturalmente se atribuyen a los géneros masculino y femenino, son un conjunto arbitrario de regulaciones inscritas en los cuerpos que aseguran la explotación material de un sexo sobre el otro.

La diferencia sexual es una heteropartición del cuerpo en la que no es posible la simetría. El proceso de creación de la diferencia sexual es una operación tecnológica de reducción que consiste en extraer determinadas partes de la totalidad del cuerpo y aislarlas para hacer de ellas significantes sexuales. Los hombres y las mujeres son construcciones metonímicas del sistema heterosexual de producción y de reproducción que autoriza el sometimiento de las mujeres como fuerza de trabajo sexual y como medio de reproducción. Esta explotación es estructural, y los beneficios sexuales  que los hombres y las mujeres heterosexuales extraen de ella obligan a reducir la superficie erótica a los órganos sexuales reproductivos y a privilegiar el pene como único centro mecánico de producción del impulso sexual.

El sistema de sexo-género es un sistema de escritura. El cuerpo es un texto socialmente construido, un archivo orgánico de la historia de la humanidad como historia de la producción-reproducción sexual, en la que ciertos códigos se naturalizan, otros quedan elípticos y otros son sistemáticamente eliminados o tachados. La (hetero)sexualidad, lejos de surgir espontáneamente de cada cuerpo recién nacido, debe reinscribirse o reinstituirse a través de operaciones constantes de repetición y de recitación de los códigos (masculino y femenino) socialmente investidos como naturales.

La contrasexualidad tiene como tarea identificar los espacios erróneos, los fallos de la estructura del texto (cuerpos intersexuales, hermafroditas, locas, camioneras, maricones, bollos, histéricas, salidas o frígidas, hermafrodykes...), y reforzar el poder de las desviaciones y derivas respecto del sistema heterocentrado

Extracto de "Manifiesto Contrasexual"  de Beatriz Preciado

Las dos temporalidades de la contrasexualidad

La contrasexualidad juega sobre dos temporalidades. Una temporalidad lenta en la cual las instituciones sexuales parecen no haber sufrido nunca cambios. En esta temporalidad, las tecnologías sexuales se presentan como fijas. Toman prestado el nombre de «orden simbólico», de «universales transculturales» o, simplemente, de «naturaleza Toda tentativa para modificarlas sería juzgada como una forma de «psicosis colectiva» o como un «Apocalipsis de la Humanidad». Este plano de temporalidad fija es el fundamento metafísico de toda tecnología sexual. Todo el trabajo de la contrasexualidad está dirigido contra, opera e interviene en ese marco temporal. Pero hay también una temporalidad del acontecimiento en la que cada hecho escapa a la causalidad lineal. Una temporalidad fractal constituida de múltiples «ahoras» que no pueden ser el simple efecto de la verdad natural de la identidad sexual o de un orden simbólico. Tal es el campo efectivo donde la contrasexualidad incorpora las tecnologías sexuales al intervenir directamente sobre los cuerpos, sobre las identidades y sobre las prácticas sexuales que de éstos se derivan.

La contrasexualidad tiene por objeto de estudio las transformaciones tecnológicas de los cuerpos sexuados y generizados.

Extracto de "Manifiesto Contrasexual"  de Beatriz Preciado

Qué es la contrasexualidad

La contrasexualidad no es la creación de una nueva naturaleza, sino más bien el fin de la Naturaleza como orden que legitima la sujeción de unos cuerpos a otros. La contrasexualidad es, en primer lugar, un análisis crítico de la diferencia de género y de sexo, producto del contrato social heterocentrado, cuyas performatividades normativas han sido inscritas en los cuerpos como verdades biológicas (Judith Butler, 2001). En segundo lugar: la contrasexualidad apunta a sustituir este contrato social que denominamos Naturaleza por un contrato contrasexual. En el marco del contrato contrasexual, los cuerpos se reconocen a sí mismos no como hombres o mujeres sino como cuerpos hablantes, y reconocen a los otros como cuerpos hablantes. Se reconocen a sí mismos la posibilidad de acceder a todas las prácticas significantes, así como a todas las posiciones de enunciación, en tanto sujetos, que la historia ha determinado como masculinas, femeninas o perversas. Por consiguiente, renuncian no sólo a una identidad sexual cerrada y determinada naturalmente, sino también a los beneficios que podrían obtener de una naturalización de los efectos sociales, económicos y jurídicos de sus prácticas significantes.

La nueva sociedad toma el nombre de sociedad contrasexual al menos por dos razones. Una, y de manera negativa: la sociedad contrasexual se dedica a la deconstrucción sistemática de la naturalización de las prácticas sexuales y del sistema de género. Dos, y de manera positiva: la sociedad contrasexual proclama la equivalencia (y no la igualdad) de todos los cuerpos-sujetos hablantes que se comprometen con los términos del contrato contrasexual dedicado a la búsqueda del placer-saber.

(...)

La contrasexualidad es también una teoría del cuerpo que se sitúa fuera de las oposiciones hombre/mujer, masculino/femenino, heterosexualidad/homosexualidad. Define la sexualidad como tecnología, y considera que los diferentes elementos del sistema sexo/género3 denominados «hombre», «mujer», «homosexual», «heterosexual», «transexual», así como sus prácticas e identidades sexuales, no son sino máquinas, productos, instrumentos, aparatos, tru- cos, prótesis, redes, aplicaciones, programas, conexiones, flujos de energía y de información, interrupciones e interruptores, llaves, leyes de circulación, fronteras, constreñimientos, diseños, lógicas, equipos, formatos, accidentes, detritos, mecanismos, usos, desvíos...

La contrasexualidad afirma que en el principio era el dildo. El dildo antecede al pene. Es el origen del pene. La contrasexualidad recurre a la noción de «suplemento» tal como ha sido formulada por Jacques Derrida (1967); e identifica el dildo como el suplemento que produce aquello que supuestamente debe completar. La contrasexualidad afirma que el deseo, la excitación sexual y el orgasmo no son sino los productos retrospectivos de cierta tecnología sexual que identifica los órganos reproductivos como órganos sexuales, en detrimento de una sexualización de la totalidad del cuerpo.

Extracto de "Manifiesto Contrasexual"  de Beatriz Preciado

domingo, 2 de junio de 2013

El mito que divide a las mujeres

El mito de la belleza no habla para nada de  las mujeres. Habla de las instituciones de los hombres y de su poder  institucional. Las cualidades que en un periodo determinado representan la belleza en las mujeres son meramente símbolos del comportamiento femenino que en ese periodo se consideran deseables. En realidad, el mito de  la belleza siempre está prescribiendo comportamientos y no apariencia. La competencia entre las mujeres ha formado parte del mito para dividirlas. La juventud y (hasta recientemente) la virginidad han sido “bellas”  en la mujer porque representan ignorancia sexual y falta de experiencia. El envejecimiento en las mujeres no es “bello” porque las mujeres se  vuelven más poderosas con el tiempo. El eslabón entre las generaciones  de mujeres tiene que ser continuamente roto: las mujeres viejas le temen  a las más jóvenes, las jóvenes le temen a las viejas, y el mito de la belleza  trunca para todas el conjunto de la vida femenina. Más urgentemente la  identidad de la mujer debe ser fundamentada en la “belleza” para que  permanezcamos vulnerables a la aprobación exterior, llevando el órgano vital y sensible del amor propio expuesto al intemperie. "

"El mito de la belleza" de Naomi Wolf

Una nueva forma de ser

" El mito actual de la belleza es más pernicioso que cualquier otra  mística de la femineidad. Hace un siglo, Nora cerró la puerta de su casa  de muñecas; hace una generación, las mujeres le dieron la espalda al  paraíso consumista del hogar repleto de todo tipo de aparatos domésticos. Pero donde las mujeres se encuentran atrapadas ahora, no hay puerta que cerrar. Los estragos contemporáneos de este contragolpe de la  belleza están destruyendo físicamente y agotando psicológicamente a  las mujeres. Para librarnos del peso muerto que una vez más se ha hecho  de la femineidad, lo primero que necesitamos las mujeres, no son ni votos ni manifestantes ni pancartas sino una nueva forma de ver."

"El mito de la belleza" de Naomi Wolf

Las ficciones del mito de la belleza

El auge del mito de la belleza fue sólo una de las muchas ficciones sociales en desarrollo que se hacían pasar como componentes naturales de la  esfera femenina para encerrar a las mujeres dentro de esta esfera.

Otras  ficciones parecidas surgieron contemporáneamente: la versión de una  niñez que requería supervisión materna constante, un concepto de biología femenina que necesitaba que las mujeres de clase media fueran  histéricas e hipocondriacas, la convicción de que las mujeres respetables  estaban sexualmente anestesiadas, y una definición del trabajo de la  mujer que la mantenía ocupada en labores de punto de cruz y elaboración de encaje, ambas actividades repetitivas, laboriosas y complicadas. Tales inventos de la época victoriana tuvieron una doble función: aunque pretendían encauzar la energía y la inteligencia femeninas por medios inofensivos, las mujeres las utilizaron para expresar su verdadera  creatividad y pasión. Pero a pesar de la creatividad de las mujeres de la clase media en la  moda, en el bordado y en la crianza de los niños, un siglo después, el  propósito principal de esta ficción se vio realizado, y consolidó el papel  del ama de casa de los suburbios.

Durante un siglo y medio de agitación  feminista sin precedente, esta ficción pudo contrarrestar el nuevo y peligroso ocio y la escolaridad de la mujer de clase media, así como su libertad frente a las restricciones materiales.

Estas ficciones, consumidoras de tiempo y mente, sobre el papel  natural de la mujer, se adaptaron para poder resurgir en la posguerra  con la mística de la femineidad. Sin embargo, fallaron temporalmente cuando la segunda ola del movimiento feminista desbarató la imagen  del “romance”, “la ciencia”, “la aventura de las labores domésticas y la  vida familiar”.

La empalagosa ficción doméstica del “espíritu familiar”  perdió su significado y las mujeres de la clase media salieron en masa de  sus hogares. Así que las ficciones se transformaron una vez más. Ya que el movimiento feminista había desbaratado con éxito casi todas las ficciones  que había sobre la feminidad, todo el trabajo de control social que se  había extendido a través de los medios de comunicación tenía que ser  reasignado al único cabo suelto, cuya acción consecuentemente se fortaleció cien veces más.

Se reimpuso entonces sobre los cuerpos y rostros de  las mujeres liberadas de todas las limitaciones, tabúes y castigos de las  leyes represivas, los mandatos religiosos y la esclavitud reproductiva,  que ya no tenían tanta fuerza.

La labor de belleza efímera e interminable  sustituyó a la labor doméstica efímera e interminable. A medida que la  economía, la ley, la religión, la moral sexual, la educación y la cultura se  vieron forzadas a abrirse de una manera más justa para incluir a las  mujeres, una realidad privada colonizaba la conciencia femenina. Al  usar ideas sobre la “belleza”, se reconstruyó un mundo femenino alternativo con sus propias leyes, economía, religión, sexualidad, educación  y cultura, en el que cada elemento es tan represivo como aquellos de  antaño.

"El mito de la belleza" de Naomi Wolf

La ilusión de la doncella de hierro

Esta alucinación inconsciente se vuelve más y más influyente y  penetrante cuando se transforma en manipulación mercantil consciente  de las grandes industrias: la industria de las dietas (33 mil millones de  dólares al año), la industria de los cosméticos (20 billones de dólares), la  industria de la cirugía estética (300 millones de dólares) y la industria de  la pornografía (7 mil millones de dólares al año). Todas estas industrias  han florecido gracias a las ganancias que deja la ansiedad inconsciente;  y a su vez pueden, por su influencia en la cultura masiva, usar, estimular  y reforzar la alucinación en una espiral económica ascendente.

Ésta no es una teoría de la conspiración; no tiene por qué serlo. Las  sociedades se inventan las ficciones de la misma manera que lo hacen  los individuos y las familias. Henrik Ibsen las llamaba “mentiras vitales” y el psicólogo Daniel Coleman dice que funcionan a nivel social  como funcionan en las familias. “La confabulación se mantiene distrayendo la atención del hecho temido o reacomodando su significado en  un formato aceptable”. El costo de estos puntos ciegos, dice el psicólogo,  son ilusiones colectivas destructivas.

Las posibilidades para las mujeres  se han vuelto tan diversas que amenazan con desestabilizar las instituciones sobre las cuales se ha levantado una cultura dominada por los  hombres, y una reacción de pánico colectivo de ambos sexos obligó a la  formación de contraimágenes. La alucinación resultante se materializa para las mujeres como algo  demasiado real. Deja de ser sólo una idea para volverse una imagen  tridimensional que delimita lo permitido y lo prohibido en las vidas de  las mujeres. Se convierte en la doncella de hierro.

Originalmente, la doncella de hierro era un instrumento de tortura en Alemania medieval; un  ataúd con forma de cuerpo de mujer con brazos, piernas y un rostro  sonriente bellamente pintados. A la infortunada víctima se le encerraba  en este ataúd, inmovilizándola, y moría por inanición o al encajársele  los clavos empotrados en el interior. La versión moderna en que se hallan atrapadas las mujeres es similarmente rígida y cruel: un cuerpo  eufemísticamente pintado. La cultura contemporánea dirige nuestra atención a la imagen de la doncella de hierro, mientras que censura los rostros y cuerpos auténticos de las mujeres.

"El mito de la belleza" de Naomi Wolf

El mito de la belleza

Estamos en medio de un violento contragolpe en contra del  feminismo que usa imágenes de belleza femenina como arma política  contra el avance de las mujeres: el mito de la belleza. Es la versión moder-  na de un reflejo social vigente desde la revolución industrial. Al mismo  tiempo que las mujeres se libraban de la mística femenina de la domesti-  cidad, el mito de la belleza ocupaba el terreno perdido y ocupaba el  relevo en esa función de control social.

El contragolpe contemporáneo es tan violento porque la ideología  de la belleza es el último baluarte de las viejas ideologías femeninas y  todavía tiene el poder del controlar a aquellas mujeres que de otra mane-  ra se hubieran hecho incontrolables con la segunda ola del feminismo. Se ha fortalecido para apoderarse de la función de sometimiento social  que los mitos sobre la maternidad, la domesticidad, la castidad y la pasi-  vidad ya no pueden ejercer. Esta ideología está intentando destruir de  manera psicológica y soterrada todos los logros que el feminismo obtuvo  de manera abierta y material.

"El mito de la belleza" de Naomi Wolf

miércoles, 22 de mayo de 2013

Yo

YO soy extranjera en este país,
muy lejos en el fondo bajo el peso del mar
penetra el sol en espirales
y el aire corre entre mis manos.
Se me dijo que he nacido en cautiverio,
no hay un solo rostro aquí que yo conozca.
¿Era una piedra tirada al fondo del agua?
¿Era un fruto excesivamente pesado para su rama?
Soy quien acecha al pie del árbol donde sopla el viento.
¿Cómo voy a trepar en estos troncos tan resbaladizos?
Allá arriba se encuentran las cimas vacilantes,
allá quiero estar y buscar con la mirada
el humo de las chimeneas de mi patria.

Edith Södergran

lunes, 25 de marzo de 2013

Grupo de riesgo

–¿Si no es indiscreción, qué enfermedad tiene tu hijo?– Le preguntan a mi madre. El ácido que la despelleja no le cae desde la multitud anónima, ni se agazapa en la muchedumbre depredadora. Se trata de algo más insidioso. El interrogativo se afinca en el colmo de la magnánima visita de la tía Gilberta, su querida hermana. La única que le queda. 
Mi tía conoce y hasta admira el nivel académico, la obra construida, las distinciones y méritos alcanzados, el andar seguro, la frente en alto, el saludo respetuoso de mis ojos sumidos bailoteando sobre unos pómulos salientes; desde unas mejillas desfiguradas por la lipodistrofia. 
Encuentro a mi madre despostillada, dolida, llorosa. Y me trago junto con su cuerpo de cuarenta kilos toda la hiel de toda la rabia de toda la humanidad nociva y ladina. Juntamos apenas dos costalitos de huesos vencidos por la impotencia, atados por un abrazo que no nos calienta. En la pregunta, le explico a mi vieja, ya va la respuesta que esas personas solicitan. El sablazo es gratuito. Fíjate, mamá, cómo la pronuncian morosa, lánguidamente. Como sabiendo de antemano el grave destrozo que fustigan a placer. La deslizan al garete, como si preguntaran qué lleva el gorrión en su gracioso piquito. Incluso bajan la mirada hasta el nivel de tus pies ulcerados por la diabetes. Y la desempacan con tono dulzón, de moscamuerta, utilizando una modulación artificiosamente consternada. 
Si no es indiscreción... ¿te das cuenta, madre?, ¿percibes el tamaño del siniestro donde habitan esos ojos dañosos que como buitres se amontonan para devorarte en vida? Si no es indiscreción… ¡cuánta ponzoña cabe en una frase que atormenta como cólico estomacal! Cuatro palabras que revelan la monstruosidad fraguada en el ocio del chisme y el chistorete del Feisbuk. 
Por supuesto que lo suyo es exclusivamente la indiscreción bellaca. Es la habladuría morbosa. Es la mirada furtiva. Es el silencio nervioso ante el súbito enjutamiento de carnes que tu hijo lleva por el mundo con dignidad de Papa renunciante. Es el gravísimo augurio de lo que espera a los preguntones chapuceros. Es la promesa de que una vez salvados de la peste, no faltarán los burócratas lerdos que los hundan en las catacumbas de la epidemiología desolada. Es la muestra del fracaso moral de eso que llamamos familia, hoy consagrada al deporte sádico de propinar el estigma rabioso. 
No hay escapatoria, madre. Mi precio es el que indica el grupo de riesgo donde he sido confinado. No respondas por mí, yo llevo mi osario con garbo, como marca de grandeza histórica, como frontispicio magistral que más de veinte años con el sida han instalado en los recintos de mi carne remisa.
Que conste para burla de los siglos: "Si no es indiscreción, ¿de cual sida se muere tu hijo? ¿El sida de esos jotos, putas, malvivientes, mujeres trans, drogadictos?" ¿Acaso hay otro?.

Por Joaquín Hurtado, tomado de "Crónica Sero" tomado de http://www.jornada.unam.mx/2013/03/07/ls-cronicasero.html.

sábado, 23 de marzo de 2013

Lejanía entre teoría y práctica política

"(...) es  probable  que  no  haya  un  ejemplo  más  elocuente  de  la  lejanía  entre  teoría  y  práctica  como  el  que  ofrece  el  mundo  de  la  política.  Por  un  lado,  frecuentemente  se  discuten  ideas  sobre  el  complejo  desarrollo  político  de  las  sociedades  y,  por  el  otro  -‐casi  como  si  esas  ideas  pertenecieran  a  otro  universo-‐,  se  practica  la  política.

La  manera  en  que  a  veces  el  análisis  teórico  es  desvalorizado,  más  que  un  afán  por  volcarse  inmediatamente  a  cosas  prácticas  puede  ser  un  modo  de  evitar  el  cotejo  de  las decisiones  con  las  razones  que  las  fundan  o  una  forma  de  encubrir  las  verdaderas  motivaciones  de  quienes  ejercen  el  poder,  público  o  privado.  La  desvalorización  de  la  teoría  suele  ser  un  recurso  que  allana  el  camino  al  pensamiento  mágico,  ese  recurso  a  ideas  que,  por  su  atracción,  parecen  no  requerir  demostración".

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en "Exploración sobre el desarrollo de la democracia" en "El desafío: de una democracia de electores a una democracia de ciudadanos"

La ciudadanía como fundamento de la democracia

"Cuando  se  coloca  la  ciudadanía  como  fundamento  de  la  democracia,  cambia  la  manera  de  evaluarla.  En  efecto,  se  abre  una  dimensión  diferente  de  reflexión  y  de  acción  si  el  desarrollo  de  la  democracia  se  mide  por  su  capacidad  para  garantizar  y  expandir  la  ciudadanía  en  sus  esferas  civil,  social  y  política.  La  noción  de  ciudadanía  implica  un  estatus  para  cada  persona  como  miembro  de  pleno  derecho  de  una  comunidad,  y  abarca  diversas  esferas  que  se  expresan  en  derechos  y  obligaciones.  La  expansión  de  la  ciudadanía  es  una  condición  del  éxito  de  una  sociedad  y  de  la  satisfacción  de  sus  aspiraciones.  Es  en  torno  a  esto  que  se  debe  juzgar  la  calidad  de  la  democracia.  La  medida  del  desarrollo  de  una  democracia  está  dada,  por  lo  tanto,  por  su  capacidad  de  dar  vigencia  a  los  derechos  de  los  ciudadanos  y  constituir  a  éstos  en  sujetos  de  las  decisiones  que  los  afectan."

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en "Exploración sobre el desarrollo de la democracia" en "El desafío: de una democracia de electores a una democracia de ciudadanos"

La democracia no es sólo un régimen político

" Gran  parte  de  la  teoría  contemporánea  de  la  democracia  se  restringe  a  caracterizarla  como  un  régimen  político.  Esta  restricción  refleja,  y  refuerza,  una  concepción  general  de  lo  que  la  política,  específicamente  la  política  democrática,  trata.  Tales  visiones  expulsan  la  democracia  y,  en  general,  la  política,  de  cualquier  relación  activa  frente  a  la  gran  injusticia  social  expresada  en  la  carencia  extendida  de  derechos  sociales  y  también  civiles,  así  como  por  la  anemia  de  un  Estado  que  se  muestra  ineficaz  y,  como  tal,  pierde  credibilidad  ante  mayorías  fluctuantes  de  sus  respectivas  sociedades".

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en "Exploración sobre el desarrollo de la democracia" en "El desafío: de una democracia de electores a una democracia de ciudadanos"

La democracia requiere más que elecciones

" La  democratización  verdadera  es  algo  más  que  las  elecciones.  [  ...  ]  El  hecho  de  conceder  a  todas  las  personas  una  igualdad  política  oficial  no  basta  para  crear  en  la  misma  medida  la  voluntad  o  capacidad  de  participar  en  los  procesos  políticos,  ni  una  capacidad  igual  en  todos  de  influir  en  los  resultados.  Los  desequilibrios  en  los  recursos  y  el  poder  político  socavan  a  menudo  el  principio  "una  persona,  un  voto",  y  la  finalidad  de  las  instituciones  democráticas"

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en "El desafío: de una democracia de electores a una democracia de ciudadanos"

La preservación de la democracia

" La  preservación  de  la  democracia  y  su  expansión  no  son  hechos  espontáneos.  Son  construcciones  voluntarias,  formuladas  en  proyectos,  modeladas  por  liderazgos  e  investidas  del  poder  que  proviene  del  apoyo  popular.  Requieren  partidos  políticos  que  construyan  opciones  sustantivas,  un  Estado  con  poder  para  ejecutarlas  y  una  sociedad  capaz  de participar  en  una  construcción  que  exceda  los  reclamos  sectoriales.  Una  política  que  omite  los  problemas  centrales,  vacía  de  contenido  las  opciones  ciudadanas;  un  Estado  sin  poder  transforma  el  mandato  electoral  en  una  expresión  de  voluntades  sin  consecuencias,  y  una  sociedad  sin  participación  activa  lleva,  tarde  o  temprano,  a  una  peligrosa  autonomía  del  poder,  que  dejará  de  expresar  las  necesidades  de  los  ciudadanos."

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en "El desafío: de una democracia de electores a una democracia de ciudadanos"

El desafío

" En  América  Latina  se  ha  alcanzado  la  democracia  electoral  y  sus  libertades  básicas.  Se  trata  ahora  de  avanzar  en  la  democracia  de  ciudadanía.  La  primera  nos  dio  las  libertades  y  el  derecho  a  decidir  por  nosotros  mismos.  Trazó,  en  muchos  de  nuestros  países,  la  división  entre  la  vida  y  la  muerte.  La  segunda,  hoy  plena  de  carencias,  es  la  que  avanza  para  que  el  conjunto  de  nuestros  derechos  se  tornen  efectivos.  Es  la  que  nos  permite  pasar  de  electores  a  ciudadanos.  La  que  utiliza  las  libertades  políticas  como  palanca  para  construir  la  ciudadanía  civil  y  social."

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en "El desafío: de una democracia de electores a una democracia de ciudadanos"

Democracia

La  democracia  es  una  inmensa  experiencia  humana.  Está  ligada  a  la  búsqueda  histórica  de  libertad,  justicia  y  progreso  material  y  espiritual.  Por  eso  es  una  experiencia  permanentemente  inconclusa.

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en "El desafío: de una democracia de electores a una democracia de ciudadanos"